31/12/15

Se escribe en español, para América, África y Europa

Tengo mis enormes dudas de la dificultad que supone poder recibir lectores en castellano o español desde América. Somos un total de 560 millones de personas hablando castellano o español, de ellos hay casi tantos españoles de España como estadounidenses que leen y se comunican en castellano. Pero internet no pone fácil por las políticas de dominios, que se conozcan por igual las páginas que se escriben en español por todo el mundo.

Incluso da igual si escribes pensando en Argentina o México, en Perú o Nicaragua. Si lo haces desde España, tienen muy pocas posibilidades de recibir lectores desde Iberoamérica. 
 
No sirve preguntarse el motivo, sirve en todo caso intentar adivinar las soluciones parciales. Si queremos más intercambios culturales entre países con el mismo idioma, es básico que internet facilite hoy en día esas posibilidades de multiplicación. Seguiremos investigando, y si acaso, seguiremos esperando las ideas para mejorar estos procesos.

19/12/15

Felipe, el amigo de Mafalda, no logra ser progresista

Felipe y Mafalda lo tienen más claro que nosotros. Si vienes con ideas nuevas y progresistas, normalmente, sólo recibes el silencio. Somos muy conservadores a la hora de atrevernos con la vida. Pero no hay que rendirse ni quitarse el casco. hay que seguir insistiendo.

29/11/15

Prohibir está feo y se entiende mal. Incluso entre los perros

Prohibir está feo y se entiende mal. Estos inteligentes perros se están quedando absortos ante un cartel que no entienden. Y son inteligentes pues hablan y todo. Necesitan más perros para entender lo que les prohíben. ¿Qué les prohíben? ¿Ser perros? ¿Estar de pie?

En el texto el viñetista nos dice en boca de algún perro: "Propongo que vengan más perros y nos lo expliquen, a ver si alguno lo entiende"

Nota. : La viñeta es de Oros, de El País

28/11/15

Está prohibido reflexionar, nos han ganado

Ya nadie valoramos la filosofía como ella se esperaba cuando la creamos entre todos nosotros. Vamos ahora a lo práctico, a lo rápido, sin devaneos ni dudas, sin esperas para recapacitar. Hay que atacar a la vida y conquistarla o morir por ella. Por disolución de la sociedad filosófica y con rápida liquidación total y final, antes de cerrar totalmente, queremos venderla a unos precios fabulosos. Sabemos que aun así, nadie nos la va a comprar. Nada como saber que no tenemos futuro, si observamos que nadie quiere ya adquirir conocimientos. Está prohibido reflexionar. Han sido 2.500 años de reflexión para nada, pues no nos la merecemos. Dejemos ya de pensar, nos han ganado.

23/11/15

Tener la casa excesivamente abierta es peligroso para la salud mental

A veces, sólo a veces, tener la casa excesivamente abierta es peligroso para la salud mental. Un huésped alegre y feliz, no es una carga para nadie. Pero a veces molesta lo suficiente como para tener que trabajar más de lo habitual.

2/11/15

¿Hay que aprender a morir?

Alejandro Jodorowky, artista chileno en su más amplia acepción, ha dejado en una entrevista estas respuestas que reproduzco.
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Pregunta: Alejandro Jodorowsky, ¿qué es lo peor de cumplir años, de hacerse viejo?
Respuesta: Hay un texto hindú que dice: "Envejecer no es una humillación. Te desprendes de todo, y cuando te desprendes de todo, te conviertes en una mariposa resplandeciente". Yo me voy desprendiendo de los dientes, del pelo, de la belleza juvenil, de la energía, de acciones inútiles, de palabras inútiles, de amarras sexuales y emocionales totalmente inútiles, de ambiciones inútiles…

P: Hay gente que cumple años y no va desprendiéndose de nada.
R: Porque estamos acostumbrados a que nos den y no a buscarnos. Algunos siempre buscan fuera lo que solo se puede encontrar dentro.

P: ¿Para llegar a ser lo que se es, entonces, hay que, como dice uno de sus cuentos, "aprender a morir", en eso consiste este juego?
R: Somos la gota que vuelve al océano: fue gota un tiempo y, glups, volvió al océano. Hay que aprender a soltar el yo. En lo posible, porque es fuerte...: cuando yo estaba en el hospital esperando que me cosieran, bien que me aferraba a mí, a Jodorowsky con la cabeza rota... Pero es así. Hay que aprender a morir, saber que esto termina. Cuando lo sabes es cuando te metes en el presente y aprendes a vivir.

13/10/15

Es pecado arrancarles a los langostinos la tripa desde la cola?

Lo del maltrato animal tiene su tamaño, su medida, incluso su lógica moderación. Anda en que menudo lío me estoy metiendo. Este mural está en Zaragoza y queda simpático y chulo. Pero no comer pollo es duro y complicado. 

¿Quién nos asegura que las borrajas o los tomates no sufren cuando los arrancamos de la mata? Machacar la soja para hacer tofu es normal, pero nadie nos garantiza que las semillas de la soja al ser trituradas no lo pasen de pena. 

Vale, el pollo no. ¿Y los saltamontes, los mosquitos, las carpas, los langostinos? ¿Sabrán las anchoas que las pelamos tras arrancarles las tripas y les quitamos las espinas una a una y con pinzas? ¿Es muy pecado mortal arrancarles a los langostinos la tripa desde la parte central de la cola tirando suave para que no se rompa? 

Uff!, no debí escribir nunca sobre este tema.

9/10/15

Praga bien merece media docena de cenas con sopa

Hoy San Google recuerda el 605 aniversario del reloj astronómico de Praga con un doodle o boceto del dibujito del relos muy esquematizado. Bien por el reloj y por Praga. 

La primera vez que visité el reloj de Praga, con toda la familia en el viaje de novios de este matrimonio viejo, hicimos como todos los turistas. Quedarnos quietos esperando a las 12. 

Si nos mirábamos a la cara, el gesto de sorpresa infantil era idéntico fueras suizo, aragonés o congoleño. Eran tantos años moviéndose los mecanismos para dar la hora y sorprender, que la obligación de los espectadores es hacer honor y seguir asombrándonos de algo único. El reloj público y mecánico más viejo del mundo y funcionando.

El lugar para contemplar no es muy amplio, sobre todo para los visitantes que a veces y según días, se amontonan en espera de los movimientos de las figuras de los Apóstoles circulando delante de todos los niños adultos. La plaza acoje desde su amplitud a todos los forasteros, pero el edificio del reloj está es una esquina y allí no hay mucha anchura para tnata gente.

Praga bien merece una cena, o media docena. Incluso una docena si quieres empaparte de sus historias (no olvidarse en pedir para una cena esa sopa tan contundente que te sirven dentro de una hogaza de pan). Y no dejes de ver sus cementerios, pues aunque suena a raro, los cementerios son una hermosa imagen social de los pueblos del mundo. Todos los cementerios son distintos, incluso a veces muy interesantes. Y no hay que ser vampiro para visitarlos, estando vivos.


Es 50 sombras de Grey una película al gusto de la autora de las novelas?

Ayer vi la película “50 sombras de Grey” y en serio ¿qué tiene para tanto follón? Joder, después de tanta polémica donde incluso la compañía té Twinings regalaba corbatas como las de empleadas en las ataduras de la película, a uno le asalta la pregunta básica. ¿Pero de verdad Anastasia se creía que aquel hombre se iba a conformar con la corbata tras haberle enseñado la habitación roja?

La dominación es tan vieja como las pinturas de Altamira o incluso un poco más, la consentida y la otra. Trasladarlo a una novela y diseñar todo un argumento interesante con unos textos picantes que resulten agradables (o no) está bien. Pero intentar que los americanos hagan una película válida sobre el libro es una broma. Sería como entregárselo al Vaticano. ¿Por qué no la ha realizado un francés o Almodóvar?

Me sorprendió el trabajo de Dakota Johnson pero vi muy plano el de Jamie Dorman, que se pasa de soseras para ser un seductor de los que buscan el tope. La elegancia está bien, pero se necesita sonreír y lanzar miradas con más ternura para engañar. O eso creo.

No me gustó el final, aun sabiendo que vendrán otras partes. El negocio esté lanzado en busca de más espectadores. Creo. Como se puede ver, no he leído los libros, aunque sé que está mucho más crudo y auténtico que la película. Pero es que uno no tiene tanto tiempo, ya lo siento. Y el punto americano del sexo y similares se nos queda a los europeos como muy descafeinado.

8/10/15

¿Os gusta el cuero? A mi mucho

¿Os gusta el cuero? A mi mucho. Fritico en mucho aceite y poco a poco. Yo le llamo panceta y la de Soria tiene usía. También le llamo torreznos, que es otra manera de nombrar a lo mismo. Pero si lo dejamos secar y lo pintamos de negro se nos convierte en cuero. Yo no me lo pongo por fuera, me lo pongo por dentro. Y a ser posible con un rosado de tierras de Aranda. Manías insoportables las mías.

7/10/15

Erotismo de parte de un zapato apoyado sobre un pie

El artista plástico austriaco Birgit Jürgenssen, fotografíó el año 1977 este detalle erótico escondido dentro de su serie de trabajos sobre los tacones y lo que representan como elementos eróticos que sujetan la vida. ¿Alguien puede ofrecer más por menos? Y encima nos muestra de forma muy sencilla un desnudo parcial que descansa de un día muy trabajado.

Mis cuatro trabajos fijos logrados en 10 días. Era 1970

Yo entré a trabajar a los catorce años y una semana. Tuve suerte pues mi hermano empezó antes. Salí del colegio nada más cumplir la edad, en un medio abril ya cálido. Recuerdo que lo primero fue intentar trabajar de botones en un banco con un pequeño toque de enchufe. No lo conseguí pues no pasé la entrevista. Yo era tímido y tonto a partes iguales. Y luego tras el intento del Banco Madrid acudí a otra visita a la Caja de la Inmaculada. Tampoco daba el tipo, y eso que era alto y delgado. En cambio enseguida, y todo en una sola semana encontré trabajo a la vez en tres empresas diferentes. Era el año 1970.

Mientras tanto ya había estado trabajando anque sólo día y medio en una fábrica de somieres en Las Fuentes. Allí me despedí yo solo. Bueno acompañado de mi madre. Aquello era duro de…, era duro. Con 14 años me hicieron descargar un camión de barras de hierro junto a un señor mayor. Y el resto de las horas estaba sentado en el suelo cortando tiras de alambre con muelles de las que llevan los somieres, a distintas medidas. Las manos se quedaban dormidas del dolor. Era un crío pero además muy fino. Me acuerdo todavía del suelo gris y frío, del wc cuadrado donde me iba a esconder un rato cada hora para que las manos se calmaran y de un oficial joven que me intentaba dar ánimos. Por un día con dos horas extra y una mañana me pagaron 100 pesetas que mi madre empleó en comprarme un cinturón de pantalón.

Los tres trabajos que me salieron en esa misma semana eran a cual mejor, en serio. El primero era de botones en el Hotel Goya, donde enseguida me eligieron por ser alto y con buena planta. Pero mi madre aconsejada por una amiga del mismo hotel decidió que aquello no me encajaba, pues las propinas eran muchas y abundantes pero te la daban con motivo. Yo no lo entendí entonces, pero me quedé sin joder con 14 años por poco, y encima cobrando. El segundo trabajo es el que escogí. Era trabajar de aprendiz en Fotograbados Luz y Arte que era un oficio desconocido que había que estar explicando siempre. Fotograbador ¿y qué era aquello? Y el tercero que me llegó tarde por un día y ya había firmado por el anterior fue de aprendiz en GIESA, en la fábrica de ascensores donde me había apuntado junto a un amigo mío del colegio.

Cuando ahora pienso que en sólo 10 días tuve cuatro trabajos fijos a mi disposición y lo comparo con hoy, me entran ganas de gritar. El de GIESA todavía lo conservó 40 años después mi amigo del colegio. El Hotel Goya todavía existe. Fotograbados Luz y Arte ya no. La fábrica de somieres no lo sé. De los dos bancos ya ninguno está abierto por fusiones y cierres. La vida es muy larga, aunque en realidad nos parezca muy corta.

6/10/15

Perrito caliente con queso y diseño. La Bella y la Bestia

Estos días el humor está más presente que nunca pues la sociedad está chunga y queremos reirnos de nosotros mismos. Estos perritos calientes están dando vueltas por internet para demostrarnos que nuestra capacidad de jugar con la comida también es humor, es esconderse, es escapar de las dificultades. Por desgracia muchas personas no pueden, así que con el máximo respeto, debemos considerar que el humor es sano en tiempos delicados.

Mi primera lata de sardinas en aceite

La primera conserva que comí en mi vida fue una lata de sardinas en aceite. Algo lógico y normal verdad? No lo fue tanto, os lo aseguro.

 En mi familia teníamos una prima de mi madre que se había casado con una familia de posibles, con empresas de tractores y piso en pleno centro de la ciudad. No había casi relación, por no decir con rotundidad que no había ninguna. Una vez se debieron de encontrar en la calle las primas y como “la rica” tenía un hijo de algo más que mi edad le debió de comentar ir a su casa en busca de ropa que el jovencito chaval dejaba “como nueva”. Y un día quedamos.

Para hacernos el honor y aunque entramos con cuidado por su marido, que no gustaba de ver gente desconocida por la casa, nos metió en un salón lleno de maderas nobles. Todo era marrón y en aquel momento me pareció muy de iglesia, pues en las casas habituales todo era blanco o a lo sumo de algún color pintado, pero con muy poca madera y menos muebles de postín.
A mi padre le sacó la criada una copa de vino y para nosotros nos abrió una lata de sardinas, mi primera lata de sardinas que yo ya conocía de las tiendas. Todo sería normal excepto por la visión de aquel momento en que la criada se agachó hasta el suelo y enfrente de nosotros para abrir las puertas de un armario del salón en busca de la latita…, —efectivamente, no es lo que pueden pensar— simplemente ví que allí había no menos de veinte o treinta latas de todos los colores. Parecía una tienda de colmado.

En aquel momento me dí cuenta de que no sólo había familias con latas de sardinas en aceite guardadas en armarios, sino que había familias con MUCHAS latas de sardinas. Por cierto nos dió ropa, mucha ropa, creo que más de dos bolsas de ropa. Y entre ellas un traje completo para niño de unos 10 años. Aquello fue desastroso, en serio. Mi madre me lo puso en casa. Intentó que lo llevara por la calle pero me negué en redondo. Al final me obligó pero con los pantalones cortados. Un crío del Boterón con traje era peligroso pues te podrían confundir. Y creo que durante un tiempo me confundieron.

5/10/15

El Circo Atlas de los Hermanos Tonetti, era para el Pilar

En la misma exposición de la fotografía anterior del fotógrafo José Núñez Larraz me quedé con esta imagen del Circo Atlas en recuerdo a mis años de niño cuando los Hermanos Tonetti marcaban el inicio de las Fiestas del Pilar con su “El mayor espectáculo del mundo”. En aquellos años las ferias cambiaban de sitios en Zaragoza hasta que se acomodaron durante bastante tiempo en San José. Las conocí por la zona actual de Universidad y también en Las Fuentes, y siempre era una constante acudir en familia al circo, como uno de los pocos actos de las fiestas, o invitado o con entradas de rebajas.

Cuando los circos los tuve cerca, en Las Fuentes, les ví montar sus carpas junto a otros niños del colegio que mirábamos absortos como se montaba un pueblo de la nada en los campos, y cómo sus por entonces grandes parafernalias de carruajes a veces desvencijados y sus animales salvajes que nos parecían enormes, invadían de color y olor lo que eran nuestros campos de juegos. Como era principios de octubre, era el cierre de aquellos campos de verano y aventuras.

La actuación de los Hermanos Tonetti era la última de la velada cirquense y siempre terminaban tocando música con saxofones o acordeones, pues además de hacer reír sabían entretener con música. Los clásicos payasos, el tonto y el listo, el de los zapatones y el de la cara blanca. El payaso listo fue el primero que nos dejó sin risa, pues se le acabó la fuerza de hacer reír y una depresión acabó con su oficio.

Recuerdo que en una de las últimas veces que acudí al Circo Atlas, una tarde de frío e invitado por mi tío Julio, un león atacó a su domador con dos zarpazos que además de hacernos gritar a todos supuso la suspensión del espectáculo de leones. No nos pareció nada más grave. A los pocos días falleció el domador por las heridas mal hechas y peor curadas. Entonces entendí que aquello era de verdad, que no era sólo un teatrillo para entretener a niños.

4/10/15

Mi cántaro para buscar agua no había muerto

Yo de niña tenía que ir a buscar el agua a la fuente de la plaza de las monjas. Yo vivía cerca y cada día suponían cuatro o cinco viajes en busca del agua para lavar, cocinar y beber pues en casa no teníamos agua corriente. Incluso para el wc donde se aprovechaba el agua de fregar para evitarme viajes. Debo recordarme que además vivía en un segundo piso.

En uno de mis viajes actuales, a conocer Palencia por cierto, vi en una exposición esta fotografía de José Núñez Larraz donde nos enseñaba un cántaro igual al que yo empleaba para estos viajes aguariles. Y me vino la tristeza y la pena. También el buen recuerdo aunque menos, de años niños en donde tenía que trabajar mucho. Yo tendría creo sobre los 8 y 9 años a lo sumo, pues enseguida me vine a Zaragoza a vivir y aquí ya disponía de agua corriente pues me fui interna a un colegio de monjas. Pasar de no tener agua a tenerla en todos los sitios y encima caliente me pareció casi un milagro. Pero como estaba entre monjas pensé que el milagro se lo habían hecho a ellas.

Aquel cántaro debía tener unos tres litros a lo sumo y era de zinc, creo que para que no se rompiera, lo cual era de muy agradecer, pues las hostias de haberse roto hubieran sido de señalar. Aquella vivienda la tengo grabada dentro, tenía un dormitorio y una cocina pequeña más un wc en la escalera que era común para dos vecinos. Y sí, aquello era la España real de los años 60. La triste España que hoy desconocemos.

Angelines

16/9/15

Aquí se puede ver trabajar. En serio

Trabajar en un trabajo por trabajadores es tan complejo de ver que lo podemos llegar a presentar como un reclamo turístico más. En España hay lugares donde no sólo se trabaja, sino que además se enseña cómo algunas personas trabajan. Todo un lujo. Existe el trabajo, otra cuestión sería enseñar también el tipo de contrato de trabajo que sufren.

6/9/15

La compleja historia de tres mujeres y un monstruo

La dificultad era tremenda, compleja, alegre, simpática, soñadora, asesina. Eran tres chicas hacia el agua, tres jovencísimas damas contra el furor del ambiente de una fuente pública. No quiero deciros quién ganó, pero ellas intentaba llenar la tetera de agua cuando se encontraron con una avispa que intentaba beber también de la misma fuente. Eran incompatibles las tres mujeres con la avispa. Contra la avispa. Se miraron entre ellas y como es lógico la que llevaba el sombrero era la más atrevida, la que tenía la obligación de pisar a la avispa sedienta. Creo que la avispa sa salvó entre las ranuras del suelo de la fuente, pero al volar se juró muy cabreada que en cuanto viera a una dama ensimismada y dispuesta a despreocuparse le clavaría el aguijón hasta las entrañas.

30/8/15

Los derechos humanos no deberían existir como alternativa

Los derechos humanos son los que nos damos los humanos para diferenciarnos de otros humanos. Los derechos humanos no deberían existir, tendrían que venir de fábrica programados en nuestro comportamiento básico. Igual que comemos y bebemos todos los días, igual que tenemos que mear varias veces al día, deberíamos tener programados los derechos humanos sin poderlos evitar ni saltárnoslos.

28/8/15

Los turistas no son tontos ni millonarios

Los servicios de restauración o los clásicos bares con terraza más dirigidos a los turistas que a los habituales, juegan algunas veces con los abusos lo que lleva a los clientes a cabrearse pero sobre todo a retraerse. Debería ser obligatorio (de verdad) tener los precios de todo bien a la vista. Incluidos los añadidos por terrazas y por tener cara de turista despistado. Y dar algunas premisas educadas a los camareros con contratos basura, para que no te intenten meter una ensalada cuando solo quieres unas patatas bravas. La viñeta de "Super Maño" es de Heraldo de Aragón.

19/8/15

No te da vergüenza votar a un político que nos roba?

Efectivamente y como muy bien dice “FenNer” todos somos responsables de los políticos corruptos, del mantenimiento de su responsabilidad política, de que nos hayan robado a todos. 

Cuando un empresario nos roba al fisco de todos, tenemos que ir a por sus acciones y castigarlas, pero cuando nos lo hace una persona que elegimos nosotros para que nos represente, debemos al menos decidir no volverlo a poner en la misma responsabilidad o si no es así, entonces, la responsabilidad es toda nuestra.

¿No te da vergüenza haberlo votado y en muchas ocasiones, haberlo hecho tras saber que nos estaba robando?

17/8/15

Un poema al "Pan del cielo"; el de las nubes

Hacer un poema al pan parece complejo, hacerlo al pan de cielo simplifica los conceptos y añade las nubes que dan mucho juego. Pero aun así trasmitir a través del pan en forma de nubes, los deseos de volar, es un lujo fantasioso pero maravillosamente barato. Este pan se vnede en Madrid.

10/8/15

¿Se nos ha olvidado emplear el tacto para comunicarnos?

Vivimos encerrados en nosotros mismos, y en los últimos tiempos encerrados en el oído y si acaso en la vista de corta distancia. El resto casi nada de nada. ¿Se nos ha olvidado el tacto como uno de los sentidos fundamentales?

Mis fiestas de San Lorenzo en los años 60

Mis primeras vacaciones como niño fueron a Huesca en fechas como estas, a casa de la tía Victoria que habitaba en un ático buhardilla en la Plaza del Mercado, enfrente de San Pedro el Viejo. Aquellas fiestas de Huesca de los primeros años 60 me parecían “otra cosa”, como si me hubiera cambiado de país. Había peñas que se vestían de verde y salían en grupo por las calles a manifestarse con pancartas. Jope. Y sobre todo había en el Parque unos cañones que por las mañanas lanzaban bombazos de juguetes empaquetados a los niños que tras volar muy alto caían al suelo lentamente pues desplegaban unos pequeños paracaídas de papelillo.
Los danzantes nunca los pude ver, tampoco pude ir a misa en San Lorenzo por mucho que mi tía Victoria era casi una institución en la vida religiosa de Huesca. Era y es tan poca, la capacidad y espacio para ver los actos comentados de Huesca, que ni lo intentaban mi familia.

Mis recuerdos de Huesca son amplios, interesantes algunos, simpáticos otros. Mi abuelo materno era de Huesca y como hijo menor tuvo que emigrar a Zaragoza en busca de trabajo por mucho que sus padres, mis bisabuelos, fueran familia rica y de grandes posibles. Quedó en Huesca el hermano mayor que siguió rico y fue entregando sus posibilidades a sus respectivos descendientes, y la tía Victoria que vió perder sus dos hijos en la Guerra Civil.

Aquel Huesca siempre me pareció una ciudad de ricos, de gente de postín, pues las familias con la que trataba eran de un nivel muy distinto al mío. Tan es así que a mi padre, la propia tía Victoria le daba un dinero cuando íbamos a Huesca, para poder pagar en bares y similares. Las apariencias siempre son importantes y mi padre por entonces no podía ir de bares y menos en tiempos de fiestas de San Lorenzo.

Nota.: La imagen es de Javier Broto de este blog que se puede ver clicando en esta dirección,

8/8/15

No avanzamos; y eso que estamos mirando desde lo alto

El orden de los factores a veces, sí que entorpece la recuperación. Si ponemos muchos jefes analizando las soluciones posibles, es casi seguro que logren dictaminar qué es lo que falla y que es imposible de corregir, pues ellos no quieren modificar sus hábitos.

La culpa siempre es del aprendiz, por no ser capaz de asumir responsabilidades y cobrar menos. No tienen remedio estos peones de brega ¿verdad? Y mira que están altos, mirando los problemas.

7/8/15

Leer es muy necesario para aprender a escribir

A mi me enseñaron a leer en el Colegio Público Palafox, pero me enseñaron a disfrutar con la lectura en los Maristas. Uno de los primeros libros que intenté leer fuera del colegio fue El Quijote, que me lo regaló ya usado y viejico mi tío Julio. Por desgracia para mi, no lo conservo. Sé que era muy usado pero no tanto como para tener valor de dinero. Y que era completo y con añadidos.

El Quijote no me pareció un tocho, hay que avisarlo para que se enteren los nuevos lectores que tengan agallas. Es un libro entretenido, juvenil, y que precisamente al estar escrito con palabras que no todos conocemos lo hacen ameno y una sencilla forma de empezar a emplear el diccionario.
Yo adoraba a Sancho Panza, me pareció el tipo más bueno del mundo, pues de niño no piensas nunca que se puede ser tonto, y mucho menos ser tan bueno que parezcas tonto. Ni Quijote estaba loco ni Sancho Panza era tonto, simplemente eran conquistadores de situaciones. 

Solo leí la primera parte, todo hay que advertirlo. Luego con los años me atreví con la segunda y ya no me pareció ni la mitad de interesante. Claro que entre ambas lecturas ya habían caído en mis manos varios Salgari y algunos Julio Verne y La Isla del Tesoro que me pareció en su momento la dulzura con riesgo y dolor.

Leer siempre ha sido mi acompañante de por vida. Antes novelas, luego artículos y ahora ensayo y mucho digital. No debe ser fácil vivir sin poder leer, excepto que lo odies. ¿Pero se puede odiar el leer? Yo creo que se lee cada vez más, pero en menos cantidad y me explico. Esta entrada ya es un tocho, por larga. Adiós.

De cuando me fabricaron entre las eras o el piso subarrendado

Mis padres cuando se casaron fueron a vivir a un piso subarrendado en el barrio Jesús pues no había otra posibilidad para los pobres. Empezar una vida en común en un trozo de un pisito subarrendado debe ser un drama mental complicado. Era según nos contaron alguna vez, una habitación con derecho a cocina y baño. Eso si, la dueña de la casa les permitía salir al salón privado del piso pequeño, como deferencia y no como derecho.

No tengo claro si me fabricaron en aquel subarriendo del barrio Jesús o en las eras del pueblo de mi padre. En ambos casos, lugares incómodos para fabricar a tipos como yo, aunque en aquellos momentos de traspaso de huevo a gallina, yo no midiera ni de lejos los 1,75 de ahora. 

Ambos lugares me gustan como lugares icónicos para haber sido trasladado yo de lugar caliente a espacio vital. Las eras por su romanticismo rural y natural, sobre las hierbas sorianas, en una noche de verano entre la mies y los restos de las meriendas. Y si fue en el barrio Jesús la cosa me ha gustado ahora, por una relación política con la zona. Quien les iba a decir a mis padres, que aquel maromo del espermatozoide veloz, algún día, sería un pequeño responsable político de la misma calle de donde querían irse hechando hostias.

Mis padres aguantaron pocos meses "el derecho a cocina", creo que media docena hasta que mi tío Julio les encontró en el Boterón un piso alquilado de los de verdad, incluso con su propia taza de water aunque no tuviera agua corriente el sillón del trono. Pero con pozales se resolvía el asunto. Tener un wc propio, sin tenerlo que compartir con otros vecinos del rellano era una modernidad que pocas casas viejas tenías, todo hay que avisarlo. Para los que sois nuevos, era común que entre dos plantas y en las escaleras de subida y bajada, hubiera un habitáculo con puerta donde los vecinos subían o bajaban a vaciar sus tripas. Eso si, sobre madera amplia y larga con agujero sobre el que aposentar el culo. Nada de esos wáteres franceses de cagar de pie como si fuera una ducha con marcas para poner las piernas. A veces cagar lleva su tiempo y la comodidad es un plus.

Era un pisito sin pasillo, sin ducha ni lavabo como nos imaginamos al leer lo anterior, con dos dormitorios uno de ellos alcoba, cocina económica de carbón y un balcón. De aquel piso me acuerdo de todo pues fueron mis primeros 10 años los que estuve duchándome sobre un balde grande y con agua casi fría por la cabeza. De la cama turca debajo de la radio, del baúl de la entrada, del armario de cocina verde primavera ajada, de la inmensa cama donde dormíamos mi hermano y yo y cada algunos meses también mi abuela que como era pequeña cabía en el lado de la pared. Recuerdo el armario ropero del dormitorio de mis padres pegadísimo a una mesilla chiquita donde debía haber muchos secretos pues nunca nos dejaban entrar aa alcahuetear, del ventanuco que comunicaba nuestra cama con el comedor y desde el que nos asomábamos cuando nos lo prohibían, de la fregadera de granito gris, de que no teníamos timbre sino dos golpes y repiqueteo del llamador del patio.

Dos golpes por vivir en el segundo y el repiqueteo por ser de izquierdas. Bueno, no, de izquierdas creo que soy ahora, entonces no se podía ser de izquierdas, si acaso se podía vivir en el piso izquierda, pues con la dictadura aun tuvimos suerte y no nos cortaron a los pobres el brazo de la izquierda y nos lo dejaron para poder trabajar con más beneficio. No sé si por entonces es cuando le cambiaron el nombre y en vez de ser el brazo izquierdo lo llamaron el zurdo. Lo miraré.

6/8/15

La importancia del chicle Bazooka en nuestras infancias

Yo cuando estaba interna en el colegio lo pasaba mal, o mejor dicho y como era una niña, lo pasaba mucho mejor cuando salía del colegio unos días y estaba con mis tías o con mi padre. Y aunque esto suene muy normal, hay que explicarlo para lo que explico a continuación.

Cada fin de mes me daba mi padre un sobre con los dineros que yo tenía que pagar a las monjas por estar interna. Aquello no lo llegué a entender nunca. 

¡Tenía que pagar para que yo estuviera peor que con mi padre! 
-¿Pagar para estar peor?- me preguntaba yo.
Así que según iba mascullando yo mis dudas, también iba creciendo y me aumentaban los ovarios. Bueno con 8 ó 9 años a lo sumo me debían crecer las uñas de los pies. Y un día decidí ser la inteligente de la familia y no pagar por estar peor. Me quedé el sobre y empecé a comprarme colonia a granel, algo de jabón líquido pues entonces yo solo tenía de tajo o a lo sumo de pastilla si era para las manos, y algunos caramelos o chicles de Bazooka pero de los que ya nadie recordáis, de unos que eran como ruedas redondas pegadas entre ellas y que se cortaban con los dientes según si querías uno o dos. Eran de sabor fresa pero duros como el jamón seco. Por cierto que me han dicho que por California en EEUU todavía hay unos chicles parecidos. Pero sigamos.

El caso es que las monjas que no eran tontas y querían cobrar lo que se creían era suyo, se quejaron a mi padre por el retraso. Se le chivaron por no cobrar las puñeteras. Las hostias que recibí de mi padre eran de las prohibidas y en mi defensa solo supe decirle a las monjas que ya estaba harta por pobre del jabón de tajo y de no poder tener chicles como todas mis amigas del colegio. Algo debió hacer mi pobre defensa en la conciencia de las monjas, pues sé que a los pocos meses dejaron de cobrarle a mi padre por estar interna. Pero yo no gané en chicles y en cambio tenía que limpiar en la cocina los trastos de la cena de las otras chicas internas. Creo que salí perdiendo. Pero el recuerdo a fresa ácida de los chicles Bazooka me ha seguido siempre.

Reírse está bien, excepto si se ríen de nosotros

El humor suele ser esa mala lecha contenida que casi todo lo explica sin tener que cabrearse nadie. Ferrán Martín vuelve a dar en la diana del triste humos inteligente.

5/8/15

Yo siempre soñé con toros sueltos que me encorrían

Yo de niña soñaba mucho, siempre por las noches que es cuando resultaba honrado soñar, aunque fuera niña de empezar a sumar. Yo viví en varios pueblos y tal vez por eso mi sueño más repetido, con el que más miedo pasaba, era el de un toro que me encorría ferozmente por las calles de mi pueblo. En las fiestas de todos mis pueblos soltaban enormes torazos por las calles por donde yo iba a comprar el pan para mi padre, y aquello me producía temor. ¿Qué sentido tenía soltar mostrencos por las calles para meter miedo y no dejarme ir a comprar el pan?

Tenía que estar muy pendiente de cuando eran fiestas en mi pueblo no fuera a pillarme el toro por no enterarme. Como viví en varios pueblos las fiestas cambiaban y nunca estaba segura de que aquellos toros enormes no me fueran a pillar. Con los años y aprendida a sumar y restar, descubrí que si en las calles ponían remolques tapando las esquinas es que íbamos a tener fiestas. Y entonces me negaba a ir a por el pan. Mi padre por cierto nunca entendió aquello.

Así que yo lo tuve que soñar repetidas veces para convencerme de que los toros son malas personas pues te quieren pillar. También por eso he odiado a los cabezudos de mis pueblos, pues aunque emplean látigos en vez de cuernos, es lo mismo. Recordando ahora y bien pensado para no engañaros, yo nunca soñé con los cabezudos, sólo con los toros.

Los toros eran unos cabrones, en serio. Siempre hacían conmigo lo mismo. Al final de mis sueños yo encontraba la casa abierta de Milagros y me subía lanzada hacia el primer piso para asomarme al balcón. Desde allí veía toda la calle pero el torazo seguía encelado conmigo e intentaba, corneando, romper el balcón donde ya estaba a salvo, para que la niña con miedos cayera al suelo y así jugar a pisarme. Siempre terminaba el sueño sin que el toro rompiera el balcón. En mis pueblos por eso mismo siempre han construido los balcones con mucha fuerza.

Angelines

El Santo fue mi primera serie. Lo vi cinco minutos y de visita

En el año 1964 se estrenó en las televisiones españolas la serie El Santo, mezcla de ONG y tipo rico de nacimiento, que robaba para entregárselo a los que necesitaba dinero o justicia. Personaje muy bueno y simpático, jeta y ligón, listo e inmortal. El clásico novio imposible que todos queremos para nuestras hijas. Como era lógico en aquellos años se veía en blanco y negro. Y grises, todo hay que decirlo, que en aquellos años los grises mandaban mucho.

Fue la primera imagen que tuve de aquel invento nuevo que nos enviaban los americanos para los ricos, pues para los pobres nos mandaban leche en polvo y queso en latas. Siempre han existido clases. Curiosa ventana que a los niños nos parecía un lujo de conocimientos. Podíamos ver lo mismo que veían los americanos. Casi éramos ya como ellos. Curiosa manera de acortar el mundo posible.

En mi casa vieja vivían en el entresuelo una señora con sus dos hijas, muy guapas ellas según mi padre. Demasiado guapas ellas según mi madre, después de comentar por lo bajo "vete a saber" que a mí me sonaba a raro. Y aquellas mujeres compraron un televisor pues entonces no existían las televisiones, solo los televisores. Todo era machismo puro, creo. El caso es que una tarde noche invitaron a mis padres a ver la nueva compra y a darnos envidia, entramos a la cocina salón donde habían puesto en lo alto el aparato grande y estaba esperándonos con todo su oscuro color. Parecía real. Era como la radio pero con gente que se movía mientras hablaba. Un lujo americano. Gris, oscuro, en lo alto de la cocina no se fuera a manchar, pero apoderándose de las viviendas en las que por entonces no teníamos agua corriente en el water. Necesitábamos a El Santo para que nos pusiera en el mundo moderno que se venía encima. En aquella casa entró antes el televisor que el lavabo, antes incluso que la calefacción, el teléfono o el frigorífico eléctrico. En mi vivienda de aquella calle del Boterón nunca tuvimos televisor. Incluso la radio que también estaba en alto era la suma de un aparato marrón y un montón de cables en espiral que cruzaban el comedor.

4/8/15

Aquellas colas larguísimas para comprar petróleo en 1965

Yo de mayor, cuando ya tenía 8 ó 9 años, iba en los inviernos a comprar el petróleo solo, a la bajadica de la Trinidad, a la carbonería de mi barrio. Un lugar curioso pues era todo negro, incluido el agachado vendedor. Aquel hombre que te llenaba los sacos de leña, carbón mineral, vegetal, hulla, lignito o antracita, y que en invierno vendía también petróleo desde un surtidor que hoy lo recuerdo maravillosamente ancestral. Tu le pedías los litros que te cabían en las garrafas y el hombre daba a una manivela de un aparato que salí del suelo hasta llenar una especie de pequeño depósito medidor donde veías como poco a poco iba subiendo el líquido hasta los cinco litros. Y luego tras poner la boca de la garrafa te los vaciaba en un periquete. Si pedían más litros que no era mi caso, había que hacer lamoperación más veces.

Los hombrecitos como yo llevábamos garrafas de cinco litros que duraban más bien poco en la estufa de casa. Los hombres de verdad aunque tuvieran los mismos 9 años que yo, ya iban con garrafas de 10 litros o incluso de más. Era un lujo pues se ahorraban viajes, pero mi enclenque fisonomía nunca me permitió más que sufrir y mucho con la de 5 litros.
Aquel petróleo olía fatal, peligrosamente horroroso, pero me gustaba un huevo aquel embriagador aroma a fábrica vieja. Cuando la mecha de la estufa estaba vieja, que debía ser siempre, al encenderla prendía de olores y vapores toda la vivienda, para disfrute mío. 

Lo malo del petróleo eran las colas. No eran filas, entonces se llamaban colas simplemente pore eran colas. Las filas son cortas y las colas muy largas. Y en el invierno duro eran tremendas. Yo las he visto de varias horas. El sistema de llenado era lento. El de cobrar el dinero más yo creo. Tan lento que recuerdo a mi madre venir en varios momentos en nuestra búsqueda, para saber qué pasaba. Yo iba a la cola del petróleo con mi hermano. Que como era casi tres años menor que yo no podía ayudarme pero me hablaba. Y vigilaba que no se nos colaran las viejecitas cuarentonas. Aprendimos a distinguir a la mujer colona de la mujer normal. Luego esto nos ha servido mucho en la vida. A mi más que a mi hermano.

Cuando me cambié de barrio a Las Fuentes el surtidor estaba en la actual plaza de Las Aguadoras. Era un surtidor de los de verdad, de los que también empleaban los coches. Y aunque aquel era mucho más rápido sirviendo, cuando llegaba un coche se nos colaba a todos, pues aquellos isocarros y furgonetas siempre tenías preferencia. Así que aquellas colas eran menos previsibles todavía. Lo malo es que mis padres como creían que yo había crecido a mis 11 años y que mi hermano con 9 ya podía ayudar, nos endiñaban garrafones de 10 litros y aquello menos hacernos llorar, lograban casi todo.

3/8/15

En 1962 asesinaron al primer joven por saltar el Muro de Berlín

Cuando Nino Bravo creó la canción "Libre" se inspiró en la historia de Peter Fechter, un jovencito obrero de la construcción de 18 años, que fue el primer civil alemán que intentó saltar el Muro de Berlin.

El 17 de agosto de 1962 llegó al Muro acompañado de un amigo, Helmut Kubelik que por suerte sí llegó a escapar al Berlín occidental en aquel intento primero. 

La idea de los dos jóvenes era esconderse en una carpintería cercana al muro, observar el movimiento de los soldados de la Alemania del Este que junto a soldados rusos patrullaban la zona, esperando a que se alejaran de donde ellos estaban para caminar sigilosamente (“camino sin cesar, detrás de la verdad y sabré lo que es al fin la libertad”) hasta la alambrada (“pensando que sólo es un trozo de metal”) y saltar por una ventana hacia el corredor de la muerte, una franja de tierra entre el muro principal y un muro paralelo que recientemente se había empezado a construir, para correr por el mismo hasta una pared cercana a Checkpoint Charlie, en el distrito de Kreuzberg en Berlín occidental, corriendo por la zona de nadie junto al único punto de cruce para los extranjeros y los miembros de los militares aliados.

Peter Fechter, una vez que "extendió sus alas" y se encaramó al Muro, recibió el alto de los soldados soviéticos, pero como dice la canción "marchaba tan feliz que no escuchó la voz que le llamó" y al no ser atendido el alto, dispararon sobre el joven que fue alcanzado por varios disparos en la zona pélvica y cayó del Muro hacia lo que se denominaba "zona de nadie" entre las alambradas de espinos.

Allí quedó tendido a la vista de cientos de personas que observaron la escena, ciudadanos en ambas zonas del Muro de Berlín junto a periodistas y militares mirando, pidiendo el joven tumbado en el suelo auxilio a gritos, mientras se desangraba a borbotones, sin poder moverse por la importancia de las heridas en las piernas, y sin nadie que de ninguna de las dos zonas se atreviera a recogerlo.

Los occidentales tenían miedo de ayudar y por ello recibir disparos de los soldados del Este y tan sólo se atrevieron a lanzarle un botiquín, que de nada le sirvió a un Peter Fechter casi moribundo. Los rusos, a los que pertenecía la zona desde donde se realizó el salto, aguardaron unos interminables 50 minutos de agonía del joven hasta que procedieron a recogerlo ya muerto, momento que queda recogido en la foto que acompaña el texto.

Los ciudadanos de Berlín que presenciaba la escena, gritaba a los soldados de ambos bandos que remediaran la muerte de aquel jovencito, pero nadie hizo nada, incluso las fuerzas occidentales impidieron que los civiles berlineses acudieran a ayudarlo.

Fue el primer alemán muerto en el intento de salto del Muro de Berlín, después la lista se amplió hasta 260 más. El último fallecido de esta larga lista fue Chris Gueffroy, en 1989, que tenía veinte años.

Libro Segundo de Lecturas de EdelVives 1956

Uno fue alumno gratuito en los Maristas, niño gratuito por pobre, aunque ellos lo intentaran disimular y yo casi no lo notara nunca. Fuí pocos años a Maristas, solo tres, hasta que se me murió la mujer que me enchufaba. Un consejo antiguo: si te buscas enchufes, al menos que no sean muy ancianos, pues jode perderlos. 

Pero aquellos tres años me marcaron para siempre. En plan muy positivo, todo hay que agradecerlo.

Este libro de lecturas representó para mi un mundo maravilloso. Descubrí leer y disfrutar con las lecturas. Tendría sobre los 6 a 8 años, más o menos, cuando leer me pareció un milagro. Yo había aprendido a leer en el Colegio Público Palafox de San Vicente Paúl, y lo debía hacer muy bien pues con 4 y 5 años recuerdo perfectamente que el profesor llamó a mi madre para mostrarle mi gran capacidad para vocalizar textos con esa diminuta edad.
Este libro editado por EdelVives en el año 1956 y lo conseguí muchos años después en algún rastro de viejo. Lo compré —así lo indica— en el año 1986 y sí recuerdo que me llevé una inmensa alegría al reencontrarme con él. Lo abría, lo cerraba, lo volvía a abrir buscando en su interior viejos recuerdos y…, efectivamente lo compré. No es el mío, claro, es solo “una copia”, pero la mirada del jilguero que siempre quise pintar y nunca hice me sigue acompañando.

Os pondré algunos textos en posteriores entradas. Para mi disfrute, seguro.

2/8/15

Uno con 60 años, llora con quien quiere

He tenido la suerte enorme de llorar hoy con la película “Rock the Casbah” del año 2013, donde el genial Omar Sharif se nos despide literalmente de la vida y de sus consejos, con una frase que considero antológica.

Nunca hagas llorar a una mujer, pues Dios cuenta sus lágrimas

La presencia de Omar Sharif es genial, no hagas caso a quien diga que estorba en la película, que no encaja, que es un añadido a la trama, pues a veces los críticos han visto demasiado cine.

Uno a los 60 años llora con quien quiere y el drama de una sociedad donde las mujeres tienen un peso legal escaso, se contrapone con el gran peso moral y ejemplar, aunque sea lleno de silencios y de amarguras. El hombre (en esas y en muchas sociedades) es el que puede tener la razón legal, pero no el que tiene la razón vital, la inteligencia social, el sentido de la vida. Una familia de mujeres que por sus condicionantes religiosos necesitan a los hombres para seguir andando, demuestran que son la que realmente llevan el sentido de la vida, la dirección en las relaciones entre humanos. Las que llevan la vida, las que lloran o ríen por y con sus muertos.

El mundo perdido. Y es de 1960, ojito

La película “El mundo perdido” basado en la novela de Arthur Conan Doyle ha sido adaptada al cine en varias ocasiones, incluyendo una excelente y muda en el año 1925. Nadie nos podría explicar de qué manera se puede intuir el rugido de un brontosaurio en una versión muda, pero los alientos hacían temblar los miedos.
Este cartel de arriba es de una versión realizada en el año 1960, posiblemente llena de errores y falta de calidad si la analizamos desde el momento actual, pues sin duda hace 55 años los efectos especiales eran los que eran. A pesar de sus defectos “El mundo perdido” del año 1960 tiene un impresionante elenco para la fecha, particularmente notable por la presencia de Claude Rains como el profesor Challenger. Otros actores notables de la fecha fueron Michael Rennie (El Día que la Tierra se detuvo), David Hedison (Viaje al fondo del mar), Fernando Lamas y Jill St. John, luciendo los pantalones de color rosa más ajustados nunca vistos con gracia absurda en la pantalla.

En aquella película los científicos quieren acudir a unas cuevas donde los hombres prehistóricos todavía se defienden de los dinosaurios. Es decir, más o menos como nos sucede hoy en versión social. Sin duda ver una película tan imaginativa hoy, hecha hace tantos años nos producirá sonrisa y tal vez pena, pero debemos saber con qué condicionantes crecimos, desde donde venimos y hasta donde NO iremos.

Pepe era mi peluquero de verdad. El Domingo solo era el barbero

Mi primer peluquero se llamaba Pepe y era un tipo casado y con familia numerosa al que le gustaba un poco de más el alcohol e incluso las mujeres, por guapo, resultón y simpático. Era guaperas en aquellos años 50 y 60, sin duda, cuando serlo y estar casado no era tan normal. Creo. Pero su oficio no era el de peluquero sino el de representante de zapatos y alpargatas en un almacén de la calle Pignatelli.

Era simpático en el hablar y en las formas, cálido en las manos y amigo de mis padres. Era también vecino y llevaba un bigote como los que se llevaban entonces. Arreglado a lo Tom Selleck y con sonrisa de treintañero maduro, el bigote le ayudaba a quedarse con la gente y a meter miedo a los niños como yo. Era para mi era un cabroncete, pues a los niños nos respetaba poco y era imposible decirle que el pelo muy corto no me gustaba nada de nada.

Pepe nos cortaba el pelo a toda la familia masculina y cuando mi padre le llamaba, subía del primero al segundo con las tijeras y los cepillos. Nunca utilizaba máquina pues aquello estaba prohibido entre los peluqueros de verdad. Era su segunda profesión y la empleaba para recorrer las casas del Boterón en busca de más sustento para su amplia familia. A mis padres les caía muy bien, todo hay que señalarlo, aunque a nosotros nos dejara la cabeza más pelada de lo que pretendíamos. Eran otros tiempos y otros pelos. Pero puedo jurar que nada tuvo que ver con mi actual calvera. Esa es otra pelea.

El otro barbero era el del pueblo y ese sí tenía sillas de barbero, espejos y máquina de cortar el pelo. En la misma vivienda había dejado una habitación grande para barbería y aquello me parecía en mi mirada de niño pobre un gran negocio, casi un lujo como cliente, como si fuera un barbero de verdad. Incluso el nombre por el que lo conocían en el pueblo indicaba que aquello iba de verdad. Eran “los Barberos”. Todos, incluso los hijos recién nacidos. Se llamaba Domingo, pero eran los Barberos. Aunque nunca le escuché aquel sonido tan curioso que hacía Pepe con las tijeras, que sin dejar de abrirlas y cerrarlas, nunca, mientras las llevaba entre los dedos y mi cabeza, hacía un soniquete especial que la máquina de cortar pelo nunca intentó copiar.