30/8/15

Los derechos humanos no deberían existir como alternativa

Los derechos humanos son los que nos damos los humanos para diferenciarnos de otros humanos. Los derechos humanos no deberían existir, tendrían que venir de fábrica programados en nuestro comportamiento básico. Igual que comemos y bebemos todos los días, igual que tenemos que mear varias veces al día, deberíamos tener programados los derechos humanos sin poderlos evitar ni saltárnoslos.

28/8/15

Los turistas no son tontos ni millonarios

Los servicios de restauración o los clásicos bares con terraza más dirigidos a los turistas que a los habituales, juegan algunas veces con los abusos lo que lleva a los clientes a cabrearse pero sobre todo a retraerse. Debería ser obligatorio (de verdad) tener los precios de todo bien a la vista. Incluidos los añadidos por terrazas y por tener cara de turista despistado. Y dar algunas premisas educadas a los camareros con contratos basura, para que no te intenten meter una ensalada cuando solo quieres unas patatas bravas. La viñeta de "Super Maño" es de Heraldo de Aragón.

19/8/15

No te da vergüenza votar a un político que nos roba?

Efectivamente y como muy bien dice “FenNer” todos somos responsables de los políticos corruptos, del mantenimiento de su responsabilidad política, de que nos hayan robado a todos. 

Cuando un empresario nos roba al fisco de todos, tenemos que ir a por sus acciones y castigarlas, pero cuando nos lo hace una persona que elegimos nosotros para que nos represente, debemos al menos decidir no volverlo a poner en la misma responsabilidad o si no es así, entonces, la responsabilidad es toda nuestra.

¿No te da vergüenza haberlo votado y en muchas ocasiones, haberlo hecho tras saber que nos estaba robando?

17/8/15

Un poema al "Pan del cielo"; el de las nubes

Hacer un poema al pan parece complejo, hacerlo al pan de cielo simplifica los conceptos y añade las nubes que dan mucho juego. Pero aun así trasmitir a través del pan en forma de nubes, los deseos de volar, es un lujo fantasioso pero maravillosamente barato. Este pan se vnede en Madrid.

10/8/15

¿Se nos ha olvidado emplear el tacto para comunicarnos?

Vivimos encerrados en nosotros mismos, y en los últimos tiempos encerrados en el oído y si acaso en la vista de corta distancia. El resto casi nada de nada. ¿Se nos ha olvidado el tacto como uno de los sentidos fundamentales?

Mis fiestas de San Lorenzo en los años 60

Mis primeras vacaciones como niño fueron a Huesca en fechas como estas, a casa de la tía Victoria que habitaba en un ático buhardilla en la Plaza del Mercado, enfrente de San Pedro el Viejo. Aquellas fiestas de Huesca de los primeros años 60 me parecían “otra cosa”, como si me hubiera cambiado de país. Había peñas que se vestían de verde y salían en grupo por las calles a manifestarse con pancartas. Jope. Y sobre todo había en el Parque unos cañones que por las mañanas lanzaban bombazos de juguetes empaquetados a los niños que tras volar muy alto caían al suelo lentamente pues desplegaban unos pequeños paracaídas de papelillo.
Los danzantes nunca los pude ver, tampoco pude ir a misa en San Lorenzo por mucho que mi tía Victoria era casi una institución en la vida religiosa de Huesca. Era y es tan poca, la capacidad y espacio para ver los actos comentados de Huesca, que ni lo intentaban mi familia.

Mis recuerdos de Huesca son amplios, interesantes algunos, simpáticos otros. Mi abuelo materno era de Huesca y como hijo menor tuvo que emigrar a Zaragoza en busca de trabajo por mucho que sus padres, mis bisabuelos, fueran familia rica y de grandes posibles. Quedó en Huesca el hermano mayor que siguió rico y fue entregando sus posibilidades a sus respectivos descendientes, y la tía Victoria que vió perder sus dos hijos en la Guerra Civil.

Aquel Huesca siempre me pareció una ciudad de ricos, de gente de postín, pues las familias con la que trataba eran de un nivel muy distinto al mío. Tan es así que a mi padre, la propia tía Victoria le daba un dinero cuando íbamos a Huesca, para poder pagar en bares y similares. Las apariencias siempre son importantes y mi padre por entonces no podía ir de bares y menos en tiempos de fiestas de San Lorenzo.

Nota.: La imagen es de Javier Broto de este blog que se puede ver clicando en esta dirección,

8/8/15

No avanzamos; y eso que estamos mirando desde lo alto

El orden de los factores a veces, sí que entorpece la recuperación. Si ponemos muchos jefes analizando las soluciones posibles, es casi seguro que logren dictaminar qué es lo que falla y que es imposible de corregir, pues ellos no quieren modificar sus hábitos.

La culpa siempre es del aprendiz, por no ser capaz de asumir responsabilidades y cobrar menos. No tienen remedio estos peones de brega ¿verdad? Y mira que están altos, mirando los problemas.

7/8/15

Leer es muy necesario para aprender a escribir

A mi me enseñaron a leer en el Colegio Público Palafox, pero me enseñaron a disfrutar con la lectura en los Maristas. Uno de los primeros libros que intenté leer fuera del colegio fue El Quijote, que me lo regaló ya usado y viejico mi tío Julio. Por desgracia para mi, no lo conservo. Sé que era muy usado pero no tanto como para tener valor de dinero. Y que era completo y con añadidos.

El Quijote no me pareció un tocho, hay que avisarlo para que se enteren los nuevos lectores que tengan agallas. Es un libro entretenido, juvenil, y que precisamente al estar escrito con palabras que no todos conocemos lo hacen ameno y una sencilla forma de empezar a emplear el diccionario.
Yo adoraba a Sancho Panza, me pareció el tipo más bueno del mundo, pues de niño no piensas nunca que se puede ser tonto, y mucho menos ser tan bueno que parezcas tonto. Ni Quijote estaba loco ni Sancho Panza era tonto, simplemente eran conquistadores de situaciones. 

Solo leí la primera parte, todo hay que advertirlo. Luego con los años me atreví con la segunda y ya no me pareció ni la mitad de interesante. Claro que entre ambas lecturas ya habían caído en mis manos varios Salgari y algunos Julio Verne y La Isla del Tesoro que me pareció en su momento la dulzura con riesgo y dolor.

Leer siempre ha sido mi acompañante de por vida. Antes novelas, luego artículos y ahora ensayo y mucho digital. No debe ser fácil vivir sin poder leer, excepto que lo odies. ¿Pero se puede odiar el leer? Yo creo que se lee cada vez más, pero en menos cantidad y me explico. Esta entrada ya es un tocho, por larga. Adiós.

De cuando me fabricaron entre las eras o el piso subarrendado

Mis padres cuando se casaron fueron a vivir a un piso subarrendado en el barrio Jesús pues no había otra posibilidad para los pobres. Empezar una vida en común en un trozo de un pisito subarrendado debe ser un drama mental complicado. Era según nos contaron alguna vez, una habitación con derecho a cocina y baño. Eso si, la dueña de la casa les permitía salir al salón privado del piso pequeño, como deferencia y no como derecho.

No tengo claro si me fabricaron en aquel subarriendo del barrio Jesús o en las eras del pueblo de mi padre. En ambos casos, lugares incómodos para fabricar a tipos como yo, aunque en aquellos momentos de traspaso de huevo a gallina, yo no midiera ni de lejos los 1,75 de ahora. 

Ambos lugares me gustan como lugares icónicos para haber sido trasladado yo de lugar caliente a espacio vital. Las eras por su romanticismo rural y natural, sobre las hierbas sorianas, en una noche de verano entre la mies y los restos de las meriendas. Y si fue en el barrio Jesús la cosa me ha gustado ahora, por una relación política con la zona. Quien les iba a decir a mis padres, que aquel maromo del espermatozoide veloz, algún día, sería un pequeño responsable político de la misma calle de donde querían irse hechando hostias.

Mis padres aguantaron pocos meses "el derecho a cocina", creo que media docena hasta que mi tío Julio les encontró en el Boterón un piso alquilado de los de verdad, incluso con su propia taza de water aunque no tuviera agua corriente el sillón del trono. Pero con pozales se resolvía el asunto. Tener un wc propio, sin tenerlo que compartir con otros vecinos del rellano era una modernidad que pocas casas viejas tenías, todo hay que avisarlo. Para los que sois nuevos, era común que entre dos plantas y en las escaleras de subida y bajada, hubiera un habitáculo con puerta donde los vecinos subían o bajaban a vaciar sus tripas. Eso si, sobre madera amplia y larga con agujero sobre el que aposentar el culo. Nada de esos wáteres franceses de cagar de pie como si fuera una ducha con marcas para poner las piernas. A veces cagar lleva su tiempo y la comodidad es un plus.

Era un pisito sin pasillo, sin ducha ni lavabo como nos imaginamos al leer lo anterior, con dos dormitorios uno de ellos alcoba, cocina económica de carbón y un balcón. De aquel piso me acuerdo de todo pues fueron mis primeros 10 años los que estuve duchándome sobre un balde grande y con agua casi fría por la cabeza. De la cama turca debajo de la radio, del baúl de la entrada, del armario de cocina verde primavera ajada, de la inmensa cama donde dormíamos mi hermano y yo y cada algunos meses también mi abuela que como era pequeña cabía en el lado de la pared. Recuerdo el armario ropero del dormitorio de mis padres pegadísimo a una mesilla chiquita donde debía haber muchos secretos pues nunca nos dejaban entrar aa alcahuetear, del ventanuco que comunicaba nuestra cama con el comedor y desde el que nos asomábamos cuando nos lo prohibían, de la fregadera de granito gris, de que no teníamos timbre sino dos golpes y repiqueteo del llamador del patio.

Dos golpes por vivir en el segundo y el repiqueteo por ser de izquierdas. Bueno, no, de izquierdas creo que soy ahora, entonces no se podía ser de izquierdas, si acaso se podía vivir en el piso izquierda, pues con la dictadura aun tuvimos suerte y no nos cortaron a los pobres el brazo de la izquierda y nos lo dejaron para poder trabajar con más beneficio. No sé si por entonces es cuando le cambiaron el nombre y en vez de ser el brazo izquierdo lo llamaron el zurdo. Lo miraré.

6/8/15

La importancia del chicle Bazooka en nuestras infancias

Yo cuando estaba interna en el colegio lo pasaba mal, o mejor dicho y como era una niña, lo pasaba mucho mejor cuando salía del colegio unos días y estaba con mis tías o con mi padre. Y aunque esto suene muy normal, hay que explicarlo para lo que explico a continuación.

Cada fin de mes me daba mi padre un sobre con los dineros que yo tenía que pagar a las monjas por estar interna. Aquello no lo llegué a entender nunca. 

¡Tenía que pagar para que yo estuviera peor que con mi padre! 
-¿Pagar para estar peor?- me preguntaba yo.
Así que según iba mascullando yo mis dudas, también iba creciendo y me aumentaban los ovarios. Bueno con 8 ó 9 años a lo sumo me debían crecer las uñas de los pies. Y un día decidí ser la inteligente de la familia y no pagar por estar peor. Me quedé el sobre y empecé a comprarme colonia a granel, algo de jabón líquido pues entonces yo solo tenía de tajo o a lo sumo de pastilla si era para las manos, y algunos caramelos o chicles de Bazooka pero de los que ya nadie recordáis, de unos que eran como ruedas redondas pegadas entre ellas y que se cortaban con los dientes según si querías uno o dos. Eran de sabor fresa pero duros como el jamón seco. Por cierto que me han dicho que por California en EEUU todavía hay unos chicles parecidos. Pero sigamos.

El caso es que las monjas que no eran tontas y querían cobrar lo que se creían era suyo, se quejaron a mi padre por el retraso. Se le chivaron por no cobrar las puñeteras. Las hostias que recibí de mi padre eran de las prohibidas y en mi defensa solo supe decirle a las monjas que ya estaba harta por pobre del jabón de tajo y de no poder tener chicles como todas mis amigas del colegio. Algo debió hacer mi pobre defensa en la conciencia de las monjas, pues sé que a los pocos meses dejaron de cobrarle a mi padre por estar interna. Pero yo no gané en chicles y en cambio tenía que limpiar en la cocina los trastos de la cena de las otras chicas internas. Creo que salí perdiendo. Pero el recuerdo a fresa ácida de los chicles Bazooka me ha seguido siempre.

Reírse está bien, excepto si se ríen de nosotros

El humor suele ser esa mala lecha contenida que casi todo lo explica sin tener que cabrearse nadie. Ferrán Martín vuelve a dar en la diana del triste humos inteligente.

5/8/15

Yo siempre soñé con toros sueltos que me encorrían

Yo de niña soñaba mucho, siempre por las noches que es cuando resultaba honrado soñar, aunque fuera niña de empezar a sumar. Yo viví en varios pueblos y tal vez por eso mi sueño más repetido, con el que más miedo pasaba, era el de un toro que me encorría ferozmente por las calles de mi pueblo. En las fiestas de todos mis pueblos soltaban enormes torazos por las calles por donde yo iba a comprar el pan para mi padre, y aquello me producía temor. ¿Qué sentido tenía soltar mostrencos por las calles para meter miedo y no dejarme ir a comprar el pan?

Tenía que estar muy pendiente de cuando eran fiestas en mi pueblo no fuera a pillarme el toro por no enterarme. Como viví en varios pueblos las fiestas cambiaban y nunca estaba segura de que aquellos toros enormes no me fueran a pillar. Con los años y aprendida a sumar y restar, descubrí que si en las calles ponían remolques tapando las esquinas es que íbamos a tener fiestas. Y entonces me negaba a ir a por el pan. Mi padre por cierto nunca entendió aquello.

Así que yo lo tuve que soñar repetidas veces para convencerme de que los toros son malas personas pues te quieren pillar. También por eso he odiado a los cabezudos de mis pueblos, pues aunque emplean látigos en vez de cuernos, es lo mismo. Recordando ahora y bien pensado para no engañaros, yo nunca soñé con los cabezudos, sólo con los toros.

Los toros eran unos cabrones, en serio. Siempre hacían conmigo lo mismo. Al final de mis sueños yo encontraba la casa abierta de Milagros y me subía lanzada hacia el primer piso para asomarme al balcón. Desde allí veía toda la calle pero el torazo seguía encelado conmigo e intentaba, corneando, romper el balcón donde ya estaba a salvo, para que la niña con miedos cayera al suelo y así jugar a pisarme. Siempre terminaba el sueño sin que el toro rompiera el balcón. En mis pueblos por eso mismo siempre han construido los balcones con mucha fuerza.

Angelines

El Santo fue mi primera serie. Lo vi cinco minutos y de visita

En el año 1964 se estrenó en las televisiones españolas la serie El Santo, mezcla de ONG y tipo rico de nacimiento, que robaba para entregárselo a los que necesitaba dinero o justicia. Personaje muy bueno y simpático, jeta y ligón, listo e inmortal. El clásico novio imposible que todos queremos para nuestras hijas. Como era lógico en aquellos años se veía en blanco y negro. Y grises, todo hay que decirlo, que en aquellos años los grises mandaban mucho.

Fue la primera imagen que tuve de aquel invento nuevo que nos enviaban los americanos para los ricos, pues para los pobres nos mandaban leche en polvo y queso en latas. Siempre han existido clases. Curiosa ventana que a los niños nos parecía un lujo de conocimientos. Podíamos ver lo mismo que veían los americanos. Casi éramos ya como ellos. Curiosa manera de acortar el mundo posible.

En mi casa vieja vivían en el entresuelo una señora con sus dos hijas, muy guapas ellas según mi padre. Demasiado guapas ellas según mi madre, después de comentar por lo bajo "vete a saber" que a mí me sonaba a raro. Y aquellas mujeres compraron un televisor pues entonces no existían las televisiones, solo los televisores. Todo era machismo puro, creo. El caso es que una tarde noche invitaron a mis padres a ver la nueva compra y a darnos envidia, entramos a la cocina salón donde habían puesto en lo alto el aparato grande y estaba esperándonos con todo su oscuro color. Parecía real. Era como la radio pero con gente que se movía mientras hablaba. Un lujo americano. Gris, oscuro, en lo alto de la cocina no se fuera a manchar, pero apoderándose de las viviendas en las que por entonces no teníamos agua corriente en el water. Necesitábamos a El Santo para que nos pusiera en el mundo moderno que se venía encima. En aquella casa entró antes el televisor que el lavabo, antes incluso que la calefacción, el teléfono o el frigorífico eléctrico. En mi vivienda de aquella calle del Boterón nunca tuvimos televisor. Incluso la radio que también estaba en alto era la suma de un aparato marrón y un montón de cables en espiral que cruzaban el comedor.

4/8/15

Aquellas colas larguísimas para comprar petróleo en 1965

Yo de mayor, cuando ya tenía 8 ó 9 años, iba en los inviernos a comprar el petróleo solo, a la bajadica de la Trinidad, a la carbonería de mi barrio. Un lugar curioso pues era todo negro, incluido el agachado vendedor. Aquel hombre que te llenaba los sacos de leña, carbón mineral, vegetal, hulla, lignito o antracita, y que en invierno vendía también petróleo desde un surtidor que hoy lo recuerdo maravillosamente ancestral. Tu le pedías los litros que te cabían en las garrafas y el hombre daba a una manivela de un aparato que salí del suelo hasta llenar una especie de pequeño depósito medidor donde veías como poco a poco iba subiendo el líquido hasta los cinco litros. Y luego tras poner la boca de la garrafa te los vaciaba en un periquete. Si pedían más litros que no era mi caso, había que hacer lamoperación más veces.

Los hombrecitos como yo llevábamos garrafas de cinco litros que duraban más bien poco en la estufa de casa. Los hombres de verdad aunque tuvieran los mismos 9 años que yo, ya iban con garrafas de 10 litros o incluso de más. Era un lujo pues se ahorraban viajes, pero mi enclenque fisonomía nunca me permitió más que sufrir y mucho con la de 5 litros.
Aquel petróleo olía fatal, peligrosamente horroroso, pero me gustaba un huevo aquel embriagador aroma a fábrica vieja. Cuando la mecha de la estufa estaba vieja, que debía ser siempre, al encenderla prendía de olores y vapores toda la vivienda, para disfrute mío. 

Lo malo del petróleo eran las colas. No eran filas, entonces se llamaban colas simplemente pore eran colas. Las filas son cortas y las colas muy largas. Y en el invierno duro eran tremendas. Yo las he visto de varias horas. El sistema de llenado era lento. El de cobrar el dinero más yo creo. Tan lento que recuerdo a mi madre venir en varios momentos en nuestra búsqueda, para saber qué pasaba. Yo iba a la cola del petróleo con mi hermano. Que como era casi tres años menor que yo no podía ayudarme pero me hablaba. Y vigilaba que no se nos colaran las viejecitas cuarentonas. Aprendimos a distinguir a la mujer colona de la mujer normal. Luego esto nos ha servido mucho en la vida. A mi más que a mi hermano.

Cuando me cambié de barrio a Las Fuentes el surtidor estaba en la actual plaza de Las Aguadoras. Era un surtidor de los de verdad, de los que también empleaban los coches. Y aunque aquel era mucho más rápido sirviendo, cuando llegaba un coche se nos colaba a todos, pues aquellos isocarros y furgonetas siempre tenías preferencia. Así que aquellas colas eran menos previsibles todavía. Lo malo es que mis padres como creían que yo había crecido a mis 11 años y que mi hermano con 9 ya podía ayudar, nos endiñaban garrafones de 10 litros y aquello menos hacernos llorar, lograban casi todo.

3/8/15

En 1962 asesinaron al primer joven por saltar el Muro de Berlín

Cuando Nino Bravo creó la canción "Libre" se inspiró en la historia de Peter Fechter, un jovencito obrero de la construcción de 18 años, que fue el primer civil alemán que intentó saltar el Muro de Berlin.

El 17 de agosto de 1962 llegó al Muro acompañado de un amigo, Helmut Kubelik que por suerte sí llegó a escapar al Berlín occidental en aquel intento primero. 

La idea de los dos jóvenes era esconderse en una carpintería cercana al muro, observar el movimiento de los soldados de la Alemania del Este que junto a soldados rusos patrullaban la zona, esperando a que se alejaran de donde ellos estaban para caminar sigilosamente (“camino sin cesar, detrás de la verdad y sabré lo que es al fin la libertad”) hasta la alambrada (“pensando que sólo es un trozo de metal”) y saltar por una ventana hacia el corredor de la muerte, una franja de tierra entre el muro principal y un muro paralelo que recientemente se había empezado a construir, para correr por el mismo hasta una pared cercana a Checkpoint Charlie, en el distrito de Kreuzberg en Berlín occidental, corriendo por la zona de nadie junto al único punto de cruce para los extranjeros y los miembros de los militares aliados.

Peter Fechter, una vez que "extendió sus alas" y se encaramó al Muro, recibió el alto de los soldados soviéticos, pero como dice la canción "marchaba tan feliz que no escuchó la voz que le llamó" y al no ser atendido el alto, dispararon sobre el joven que fue alcanzado por varios disparos en la zona pélvica y cayó del Muro hacia lo que se denominaba "zona de nadie" entre las alambradas de espinos.

Allí quedó tendido a la vista de cientos de personas que observaron la escena, ciudadanos en ambas zonas del Muro de Berlín junto a periodistas y militares mirando, pidiendo el joven tumbado en el suelo auxilio a gritos, mientras se desangraba a borbotones, sin poder moverse por la importancia de las heridas en las piernas, y sin nadie que de ninguna de las dos zonas se atreviera a recogerlo.

Los occidentales tenían miedo de ayudar y por ello recibir disparos de los soldados del Este y tan sólo se atrevieron a lanzarle un botiquín, que de nada le sirvió a un Peter Fechter casi moribundo. Los rusos, a los que pertenecía la zona desde donde se realizó el salto, aguardaron unos interminables 50 minutos de agonía del joven hasta que procedieron a recogerlo ya muerto, momento que queda recogido en la foto que acompaña el texto.

Los ciudadanos de Berlín que presenciaba la escena, gritaba a los soldados de ambos bandos que remediaran la muerte de aquel jovencito, pero nadie hizo nada, incluso las fuerzas occidentales impidieron que los civiles berlineses acudieran a ayudarlo.

Fue el primer alemán muerto en el intento de salto del Muro de Berlín, después la lista se amplió hasta 260 más. El último fallecido de esta larga lista fue Chris Gueffroy, en 1989, que tenía veinte años.

Libro Segundo de Lecturas de EdelVives 1956

Uno fue alumno gratuito en los Maristas, niño gratuito por pobre, aunque ellos lo intentaran disimular y yo casi no lo notara nunca. Fuí pocos años a Maristas, solo tres, hasta que se me murió la mujer que me enchufaba. Un consejo antiguo: si te buscas enchufes, al menos que no sean muy ancianos, pues jode perderlos. 

Pero aquellos tres años me marcaron para siempre. En plan muy positivo, todo hay que agradecerlo.

Este libro de lecturas representó para mi un mundo maravilloso. Descubrí leer y disfrutar con las lecturas. Tendría sobre los 6 a 8 años, más o menos, cuando leer me pareció un milagro. Yo había aprendido a leer en el Colegio Público Palafox de San Vicente Paúl, y lo debía hacer muy bien pues con 4 y 5 años recuerdo perfectamente que el profesor llamó a mi madre para mostrarle mi gran capacidad para vocalizar textos con esa diminuta edad.
Este libro editado por EdelVives en el año 1956 y lo conseguí muchos años después en algún rastro de viejo. Lo compré —así lo indica— en el año 1986 y sí recuerdo que me llevé una inmensa alegría al reencontrarme con él. Lo abría, lo cerraba, lo volvía a abrir buscando en su interior viejos recuerdos y…, efectivamente lo compré. No es el mío, claro, es solo “una copia”, pero la mirada del jilguero que siempre quise pintar y nunca hice me sigue acompañando.

Os pondré algunos textos en posteriores entradas. Para mi disfrute, seguro.

2/8/15

Uno con 60 años, llora con quien quiere

He tenido la suerte enorme de llorar hoy con la película “Rock the Casbah” del año 2013, donde el genial Omar Sharif se nos despide literalmente de la vida y de sus consejos, con una frase que considero antológica.

Nunca hagas llorar a una mujer, pues Dios cuenta sus lágrimas

La presencia de Omar Sharif es genial, no hagas caso a quien diga que estorba en la película, que no encaja, que es un añadido a la trama, pues a veces los críticos han visto demasiado cine.

Uno a los 60 años llora con quien quiere y el drama de una sociedad donde las mujeres tienen un peso legal escaso, se contrapone con el gran peso moral y ejemplar, aunque sea lleno de silencios y de amarguras. El hombre (en esas y en muchas sociedades) es el que puede tener la razón legal, pero no el que tiene la razón vital, la inteligencia social, el sentido de la vida. Una familia de mujeres que por sus condicionantes religiosos necesitan a los hombres para seguir andando, demuestran que son la que realmente llevan el sentido de la vida, la dirección en las relaciones entre humanos. Las que llevan la vida, las que lloran o ríen por y con sus muertos.

El mundo perdido. Y es de 1960, ojito

La película “El mundo perdido” basado en la novela de Arthur Conan Doyle ha sido adaptada al cine en varias ocasiones, incluyendo una excelente y muda en el año 1925. Nadie nos podría explicar de qué manera se puede intuir el rugido de un brontosaurio en una versión muda, pero los alientos hacían temblar los miedos.
Este cartel de arriba es de una versión realizada en el año 1960, posiblemente llena de errores y falta de calidad si la analizamos desde el momento actual, pues sin duda hace 55 años los efectos especiales eran los que eran. A pesar de sus defectos “El mundo perdido” del año 1960 tiene un impresionante elenco para la fecha, particularmente notable por la presencia de Claude Rains como el profesor Challenger. Otros actores notables de la fecha fueron Michael Rennie (El Día que la Tierra se detuvo), David Hedison (Viaje al fondo del mar), Fernando Lamas y Jill St. John, luciendo los pantalones de color rosa más ajustados nunca vistos con gracia absurda en la pantalla.

En aquella película los científicos quieren acudir a unas cuevas donde los hombres prehistóricos todavía se defienden de los dinosaurios. Es decir, más o menos como nos sucede hoy en versión social. Sin duda ver una película tan imaginativa hoy, hecha hace tantos años nos producirá sonrisa y tal vez pena, pero debemos saber con qué condicionantes crecimos, desde donde venimos y hasta donde NO iremos.

Pepe era mi peluquero de verdad. El Domingo solo era el barbero

Mi primer peluquero se llamaba Pepe y era un tipo casado y con familia numerosa al que le gustaba un poco de más el alcohol e incluso las mujeres, por guapo, resultón y simpático. Era guaperas en aquellos años 50 y 60, sin duda, cuando serlo y estar casado no era tan normal. Creo. Pero su oficio no era el de peluquero sino el de representante de zapatos y alpargatas en un almacén de la calle Pignatelli.

Era simpático en el hablar y en las formas, cálido en las manos y amigo de mis padres. Era también vecino y llevaba un bigote como los que se llevaban entonces. Arreglado a lo Tom Selleck y con sonrisa de treintañero maduro, el bigote le ayudaba a quedarse con la gente y a meter miedo a los niños como yo. Era para mi era un cabroncete, pues a los niños nos respetaba poco y era imposible decirle que el pelo muy corto no me gustaba nada de nada.

Pepe nos cortaba el pelo a toda la familia masculina y cuando mi padre le llamaba, subía del primero al segundo con las tijeras y los cepillos. Nunca utilizaba máquina pues aquello estaba prohibido entre los peluqueros de verdad. Era su segunda profesión y la empleaba para recorrer las casas del Boterón en busca de más sustento para su amplia familia. A mis padres les caía muy bien, todo hay que señalarlo, aunque a nosotros nos dejara la cabeza más pelada de lo que pretendíamos. Eran otros tiempos y otros pelos. Pero puedo jurar que nada tuvo que ver con mi actual calvera. Esa es otra pelea.

El otro barbero era el del pueblo y ese sí tenía sillas de barbero, espejos y máquina de cortar el pelo. En la misma vivienda había dejado una habitación grande para barbería y aquello me parecía en mi mirada de niño pobre un gran negocio, casi un lujo como cliente, como si fuera un barbero de verdad. Incluso el nombre por el que lo conocían en el pueblo indicaba que aquello iba de verdad. Eran “los Barberos”. Todos, incluso los hijos recién nacidos. Se llamaba Domingo, pero eran los Barberos. Aunque nunca le escuché aquel sonido tan curioso que hacía Pepe con las tijeras, que sin dejar de abrirlas y cerrarlas, nunca, mientras las llevaba entre los dedos y mi cabeza, hacía un soniquete especial que la máquina de cortar pelo nunca intentó copiar.

Buenos días a todas y todos. Ni idea hasta donde va a llegar

Nací en el 56 como Isabel Pantoja, Bo Derek o Miguel Bosé (jope), pero no vine a cantar aunque sí a vivir de la imagen y sobre todo a actuar, pues la vida es puro teatro aunque ni lo sepamos.

Siempre viví en cuanto los sueldos caían de la fotografía y la imagen, del arte y de las culturas, de los ojos y las letras, pero también de la publicidad y el engaño visual.

Ganar no siempre es lograr que otros pierdan, sino a veces que dejen de ganar un poco, para sumarlo a tus éxitos. Muchos pocos también hacen un mucho.

Recoger es síndrome de Diógenes, y ahora ya no se trata se guardar en los pasillos de la memoria los recuerdos andados, ni en el pasillo del hogar los trapos rotos de las derrotas. Ahora se pueden tener manías por guardar, simplemente utilizando las nubes tecnológicas. Así de cochinas nos dicen que están ellas.