13/10/15

Es pecado arrancarles a los langostinos la tripa desde la cola?

Lo del maltrato animal tiene su tamaño, su medida, incluso su lógica moderación. Anda en que menudo lío me estoy metiendo. Este mural está en Zaragoza y queda simpático y chulo. Pero no comer pollo es duro y complicado. 

¿Quién nos asegura que las borrajas o los tomates no sufren cuando los arrancamos de la mata? Machacar la soja para hacer tofu es normal, pero nadie nos garantiza que las semillas de la soja al ser trituradas no lo pasen de pena. 

Vale, el pollo no. ¿Y los saltamontes, los mosquitos, las carpas, los langostinos? ¿Sabrán las anchoas que las pelamos tras arrancarles las tripas y les quitamos las espinas una a una y con pinzas? ¿Es muy pecado mortal arrancarles a los langostinos la tripa desde la parte central de la cola tirando suave para que no se rompa? 

Uff!, no debí escribir nunca sobre este tema.

9/10/15

Praga bien merece media docena de cenas con sopa

Hoy San Google recuerda el 605 aniversario del reloj astronómico de Praga con un doodle o boceto del dibujito del relos muy esquematizado. Bien por el reloj y por Praga. 

La primera vez que visité el reloj de Praga, con toda la familia en el viaje de novios de este matrimonio viejo, hicimos como todos los turistas. Quedarnos quietos esperando a las 12. 

Si nos mirábamos a la cara, el gesto de sorpresa infantil era idéntico fueras suizo, aragonés o congoleño. Eran tantos años moviéndose los mecanismos para dar la hora y sorprender, que la obligación de los espectadores es hacer honor y seguir asombrándonos de algo único. El reloj público y mecánico más viejo del mundo y funcionando.

El lugar para contemplar no es muy amplio, sobre todo para los visitantes que a veces y según días, se amontonan en espera de los movimientos de las figuras de los Apóstoles circulando delante de todos los niños adultos. La plaza acoje desde su amplitud a todos los forasteros, pero el edificio del reloj está es una esquina y allí no hay mucha anchura para tnata gente.

Praga bien merece una cena, o media docena. Incluso una docena si quieres empaparte de sus historias (no olvidarse en pedir para una cena esa sopa tan contundente que te sirven dentro de una hogaza de pan). Y no dejes de ver sus cementerios, pues aunque suena a raro, los cementerios son una hermosa imagen social de los pueblos del mundo. Todos los cementerios son distintos, incluso a veces muy interesantes. Y no hay que ser vampiro para visitarlos, estando vivos.


Es 50 sombras de Grey una película al gusto de la autora de las novelas?

Ayer vi la película “50 sombras de Grey” y en serio ¿qué tiene para tanto follón? Joder, después de tanta polémica donde incluso la compañía té Twinings regalaba corbatas como las de empleadas en las ataduras de la película, a uno le asalta la pregunta básica. ¿Pero de verdad Anastasia se creía que aquel hombre se iba a conformar con la corbata tras haberle enseñado la habitación roja?

La dominación es tan vieja como las pinturas de Altamira o incluso un poco más, la consentida y la otra. Trasladarlo a una novela y diseñar todo un argumento interesante con unos textos picantes que resulten agradables (o no) está bien. Pero intentar que los americanos hagan una película válida sobre el libro es una broma. Sería como entregárselo al Vaticano. ¿Por qué no la ha realizado un francés o Almodóvar?

Me sorprendió el trabajo de Dakota Johnson pero vi muy plano el de Jamie Dorman, que se pasa de soseras para ser un seductor de los que buscan el tope. La elegancia está bien, pero se necesita sonreír y lanzar miradas con más ternura para engañar. O eso creo.

No me gustó el final, aun sabiendo que vendrán otras partes. El negocio esté lanzado en busca de más espectadores. Creo. Como se puede ver, no he leído los libros, aunque sé que está mucho más crudo y auténtico que la película. Pero es que uno no tiene tanto tiempo, ya lo siento. Y el punto americano del sexo y similares se nos queda a los europeos como muy descafeinado.

8/10/15

¿Os gusta el cuero? A mi mucho

¿Os gusta el cuero? A mi mucho. Fritico en mucho aceite y poco a poco. Yo le llamo panceta y la de Soria tiene usía. También le llamo torreznos, que es otra manera de nombrar a lo mismo. Pero si lo dejamos secar y lo pintamos de negro se nos convierte en cuero. Yo no me lo pongo por fuera, me lo pongo por dentro. Y a ser posible con un rosado de tierras de Aranda. Manías insoportables las mías.

7/10/15

Erotismo de parte de un zapato apoyado sobre un pie

El artista plástico austriaco Birgit Jürgenssen, fotografíó el año 1977 este detalle erótico escondido dentro de su serie de trabajos sobre los tacones y lo que representan como elementos eróticos que sujetan la vida. ¿Alguien puede ofrecer más por menos? Y encima nos muestra de forma muy sencilla un desnudo parcial que descansa de un día muy trabajado.

Mis cuatro trabajos fijos logrados en 10 días. Era 1970

Yo entré a trabajar a los catorce años y una semana. Tuve suerte pues mi hermano empezó antes. Salí del colegio nada más cumplir la edad, en un medio abril ya cálido. Recuerdo que lo primero fue intentar trabajar de botones en un banco con un pequeño toque de enchufe. No lo conseguí pues no pasé la entrevista. Yo era tímido y tonto a partes iguales. Y luego tras el intento del Banco Madrid acudí a otra visita a la Caja de la Inmaculada. Tampoco daba el tipo, y eso que era alto y delgado. En cambio enseguida, y todo en una sola semana encontré trabajo a la vez en tres empresas diferentes. Era el año 1970.

Mientras tanto ya había estado trabajando anque sólo día y medio en una fábrica de somieres en Las Fuentes. Allí me despedí yo solo. Bueno acompañado de mi madre. Aquello era duro de…, era duro. Con 14 años me hicieron descargar un camión de barras de hierro junto a un señor mayor. Y el resto de las horas estaba sentado en el suelo cortando tiras de alambre con muelles de las que llevan los somieres, a distintas medidas. Las manos se quedaban dormidas del dolor. Era un crío pero además muy fino. Me acuerdo todavía del suelo gris y frío, del wc cuadrado donde me iba a esconder un rato cada hora para que las manos se calmaran y de un oficial joven que me intentaba dar ánimos. Por un día con dos horas extra y una mañana me pagaron 100 pesetas que mi madre empleó en comprarme un cinturón de pantalón.

Los tres trabajos que me salieron en esa misma semana eran a cual mejor, en serio. El primero era de botones en el Hotel Goya, donde enseguida me eligieron por ser alto y con buena planta. Pero mi madre aconsejada por una amiga del mismo hotel decidió que aquello no me encajaba, pues las propinas eran muchas y abundantes pero te la daban con motivo. Yo no lo entendí entonces, pero me quedé sin joder con 14 años por poco, y encima cobrando. El segundo trabajo es el que escogí. Era trabajar de aprendiz en Fotograbados Luz y Arte que era un oficio desconocido que había que estar explicando siempre. Fotograbador ¿y qué era aquello? Y el tercero que me llegó tarde por un día y ya había firmado por el anterior fue de aprendiz en GIESA, en la fábrica de ascensores donde me había apuntado junto a un amigo mío del colegio.

Cuando ahora pienso que en sólo 10 días tuve cuatro trabajos fijos a mi disposición y lo comparo con hoy, me entran ganas de gritar. El de GIESA todavía lo conservó 40 años después mi amigo del colegio. El Hotel Goya todavía existe. Fotograbados Luz y Arte ya no. La fábrica de somieres no lo sé. De los dos bancos ya ninguno está abierto por fusiones y cierres. La vida es muy larga, aunque en realidad nos parezca muy corta.

6/10/15

Perrito caliente con queso y diseño. La Bella y la Bestia

Estos días el humor está más presente que nunca pues la sociedad está chunga y queremos reirnos de nosotros mismos. Estos perritos calientes están dando vueltas por internet para demostrarnos que nuestra capacidad de jugar con la comida también es humor, es esconderse, es escapar de las dificultades. Por desgracia muchas personas no pueden, así que con el máximo respeto, debemos considerar que el humor es sano en tiempos delicados.

Mi primera lata de sardinas en aceite

La primera conserva que comí en mi vida fue una lata de sardinas en aceite. Algo lógico y normal verdad? No lo fue tanto, os lo aseguro.

 En mi familia teníamos una prima de mi madre que se había casado con una familia de posibles, con empresas de tractores y piso en pleno centro de la ciudad. No había casi relación, por no decir con rotundidad que no había ninguna. Una vez se debieron de encontrar en la calle las primas y como “la rica” tenía un hijo de algo más que mi edad le debió de comentar ir a su casa en busca de ropa que el jovencito chaval dejaba “como nueva”. Y un día quedamos.

Para hacernos el honor y aunque entramos con cuidado por su marido, que no gustaba de ver gente desconocida por la casa, nos metió en un salón lleno de maderas nobles. Todo era marrón y en aquel momento me pareció muy de iglesia, pues en las casas habituales todo era blanco o a lo sumo de algún color pintado, pero con muy poca madera y menos muebles de postín.
A mi padre le sacó la criada una copa de vino y para nosotros nos abrió una lata de sardinas, mi primera lata de sardinas que yo ya conocía de las tiendas. Todo sería normal excepto por la visión de aquel momento en que la criada se agachó hasta el suelo y enfrente de nosotros para abrir las puertas de un armario del salón en busca de la latita…, —efectivamente, no es lo que pueden pensar— simplemente ví que allí había no menos de veinte o treinta latas de todos los colores. Parecía una tienda de colmado.

En aquel momento me dí cuenta de que no sólo había familias con latas de sardinas en aceite guardadas en armarios, sino que había familias con MUCHAS latas de sardinas. Por cierto nos dió ropa, mucha ropa, creo que más de dos bolsas de ropa. Y entre ellas un traje completo para niño de unos 10 años. Aquello fue desastroso, en serio. Mi madre me lo puso en casa. Intentó que lo llevara por la calle pero me negué en redondo. Al final me obligó pero con los pantalones cortados. Un crío del Boterón con traje era peligroso pues te podrían confundir. Y creo que durante un tiempo me confundieron.

5/10/15

El Circo Atlas de los Hermanos Tonetti, era para el Pilar

En la misma exposición de la fotografía anterior del fotógrafo José Núñez Larraz me quedé con esta imagen del Circo Atlas en recuerdo a mis años de niño cuando los Hermanos Tonetti marcaban el inicio de las Fiestas del Pilar con su “El mayor espectáculo del mundo”. En aquellos años las ferias cambiaban de sitios en Zaragoza hasta que se acomodaron durante bastante tiempo en San José. Las conocí por la zona actual de Universidad y también en Las Fuentes, y siempre era una constante acudir en familia al circo, como uno de los pocos actos de las fiestas, o invitado o con entradas de rebajas.

Cuando los circos los tuve cerca, en Las Fuentes, les ví montar sus carpas junto a otros niños del colegio que mirábamos absortos como se montaba un pueblo de la nada en los campos, y cómo sus por entonces grandes parafernalias de carruajes a veces desvencijados y sus animales salvajes que nos parecían enormes, invadían de color y olor lo que eran nuestros campos de juegos. Como era principios de octubre, era el cierre de aquellos campos de verano y aventuras.

La actuación de los Hermanos Tonetti era la última de la velada cirquense y siempre terminaban tocando música con saxofones o acordeones, pues además de hacer reír sabían entretener con música. Los clásicos payasos, el tonto y el listo, el de los zapatones y el de la cara blanca. El payaso listo fue el primero que nos dejó sin risa, pues se le acabó la fuerza de hacer reír y una depresión acabó con su oficio.

Recuerdo que en una de las últimas veces que acudí al Circo Atlas, una tarde de frío e invitado por mi tío Julio, un león atacó a su domador con dos zarpazos que además de hacernos gritar a todos supuso la suspensión del espectáculo de leones. No nos pareció nada más grave. A los pocos días falleció el domador por las heridas mal hechas y peor curadas. Entonces entendí que aquello era de verdad, que no era sólo un teatrillo para entretener a niños.

4/10/15

Mi cántaro para buscar agua no había muerto

Yo de niña tenía que ir a buscar el agua a la fuente de la plaza de las monjas. Yo vivía cerca y cada día suponían cuatro o cinco viajes en busca del agua para lavar, cocinar y beber pues en casa no teníamos agua corriente. Incluso para el wc donde se aprovechaba el agua de fregar para evitarme viajes. Debo recordarme que además vivía en un segundo piso.

En uno de mis viajes actuales, a conocer Palencia por cierto, vi en una exposición esta fotografía de José Núñez Larraz donde nos enseñaba un cántaro igual al que yo empleaba para estos viajes aguariles. Y me vino la tristeza y la pena. También el buen recuerdo aunque menos, de años niños en donde tenía que trabajar mucho. Yo tendría creo sobre los 8 y 9 años a lo sumo, pues enseguida me vine a Zaragoza a vivir y aquí ya disponía de agua corriente pues me fui interna a un colegio de monjas. Pasar de no tener agua a tenerla en todos los sitios y encima caliente me pareció casi un milagro. Pero como estaba entre monjas pensé que el milagro se lo habían hecho a ellas.

Aquel cántaro debía tener unos tres litros a lo sumo y era de zinc, creo que para que no se rompiera, lo cual era de muy agradecer, pues las hostias de haberse roto hubieran sido de señalar. Aquella vivienda la tengo grabada dentro, tenía un dormitorio y una cocina pequeña más un wc en la escalera que era común para dos vecinos. Y sí, aquello era la España real de los años 60. La triste España que hoy desconocemos.

Angelines