16/7/16

La estética se está apoderando de la ética. El poder de los iconos

Me acostaba con un Golpe de Estado que disparaba tiros a los civiles que cruzaban el puente de Estambul y me levanto con un señor delante de un tanque parando el Golpe de Estado. Las personas en Turquía han sido las protagonistas. Yo viví varios Golpes de Estado, algunos sólo sobre el papel de los Colectivos con nombres de árboles. El 23F los civiles nos quedamos en las casas o nos dedicamos a acoger a los familiares o amigos que creyeron en serio que aquello iba muy en plan cuarentón. Éramos una generación de jóvenes adultos que o había vivido la posguerra en carne o en hambre.

La posguerra duró muchos años y eso se nos olvida ahora que nos creemos capaces de revisar la historia como si sirviera de algo. La historia está para aprender de ella. Para darle lustre y limpiarla. Para entenderla incluso. Pero no para revisarla, pues ese es otro verbo irreal. Revisar no es simplemente volver a visar. Es sobre todo volver a mirar para corregir, enmendar o reparar. La historia no se puede volver a enmendar, se ha sufrido y punto. La historia siempre se sufre. Cuando se goza no para a ser historia.


Me he levantado con un señor de gimnasio enseñando la espalda hermosa. Es calvo como yo. Es lo único en lo que nos parecemos. Bueno, en los vaqueros también. Estamos viviendo en tiempos de iconos, todo nos entra por los ojos y no por los arrestos. La estética se está apoderando de nosotros. O eres bello o debes tener una pose bella. La fealdad, que no se nos olvide, también es bella.
 
 

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