26/8/16

Guardianes de la Historia y el budismo

No puedo disimular que estoy enamorado del programa de #0: Guardianes de la Historia, por su forma especial de mostrar, de enseñarnos, de llevarnos de la mano por los elegidos lugares del mundo que tantas cosas nos dicen sobre civilizaciones tan dispares y complementarias. Ayer estuvieron en Camboya, en la zona de los templos de Angkor, para decirnos que mil mundos diferentes son posibles, que a mi edad me queda el sabor de que la historia es tan variada y tan compleja, que antes de poder estudiar cualquier nuevo lugar, hay que abandonar, pues es imposible alcanzar a entender las motivaciones, las confluencias entre otras civilizaciones, lo que motivas a los seres humanos ser de una forma o de otra. Importa el tiempo, los siglos, pero también la psicología humana, esa sociología sin escribir que lleva a lo mismo por diferentes caminos, sin copiarse los unos de los otros. Una ciudad del siglo XII de Camboya se parece mucho más de lo que imaginamos a una ciudad gallega del siglo XII. Pero nunca se vieron ni leyeron, nunca se pudieron copiar. Son tremendamente diferentes, pero las bases, los cimientos de las sociedades se parecen mucho, encuentras soluciones parecidas a parecidos problemas humanos.

Pero me he quedado con cuatro consejos que un monje budista le da (nos da) a Nira Juanco, ante el altar de su Dios.

Vive en Paz.
No te enfades fácilmente.
No esperes nada de nadie.
No eres el único en el mundo.

No son negaciones aunque vayan precedidas del NO. Son afirmaciones de sosiego, de tranquilidad, de lujo vital. Te exigen que seas mejor, más calmado, más humano, más sencillo, más lento ante la vida. Que tomes conciencia de lo poco que eres, pero de lo mucho que puedes romper si no sabes comportarte con suavidad ante la vida.

En el pasado no está la muerte. En el futuro sí

Nos ofuscamos en pensar en el futuro, en soñar con ese futuro lento y menos mal que viene despacio. Creemos que en ese futuro que espera, está lo bueno, lo mejor. Pero la verdad es que en ese contenedor del futuro está la muerte. En el presente o en el pasado no está nuestra muerte, en cambio en el futuro sí. 

No pasa nada por añorar el espacio de tiempo en donde está la muerte esperando, pues está en el fundamento de la vida. Nacemos de un espermatozoide que se tiene que morir para formar “otra” cosa que llamamos vida. Nos tenemos que morir para que la vida continúe.

Si eres de los que piensas que no morimos sino que nos transformamos, morir es volver a otra vida. Si eres de los míos, de los que pensamos que nos morimos porque ya está bien…, pues debemos admitir que la muerte no existe, pues nunca nos pillará en ella. En cuanto venga, ya no estaremos. Morir es poner en valor a la vida.

Somos espectadores de la vida de los demás y protagonistas de la nuestra. Pero ambas cosas suceden a la vez. Por nuestro protagonismo pasan muchos actores secundarios, algunos incluso nos afectan y mucho. Pero siguen siendo secundarios, pues nuestro papel solo lo podemos hacer nosotros. Da igual si nos sale bien o no, lo que es seguro que no hay recambio, que nadie podrá venir a ocupar nuestro papel, hasta que baje el telón del final de nuestro papel en la obra.

Yo también pienso en el futuro, y sé que el espacio que hemos dejado para que se mueve con soltura, es mucho menor del que ya he utilizado en mis escenas anteriores. Pero es más coqueto, es más agradable y cómodo. Está lleno de sillones, de cojines, de buenos vinos, de libros que esperan, de personas que me miran. Seguir teniendo actores cerca de tí, que complementen la obra de tu vida, es importante. Pues ellos tiene la suya propia. Curiosamente se me ha olvidado el texto del papel del pasado. No puedo repetirlo aunque quisiera.

Mis picarazas son muy listas y están cabreadas conmigo

En mi pueblo se llamaban picarazas, luego supe que eran más bien urracas, y unas aves muy inteligentes aunque parezcan feas y no de fiar. Yo en mi zona tengo muchas y las vigilo a medias, pues ellas también me vigilan a mi, jugando a escondidas ambos, mientras les dejo comida en unos platos de plástico, pero para todas las aves que quieran pasar por allí. 

Les coloco diversas semillas, maíz, girasol, calabaza, cáñamo o alpiste, además de migas de pan duro. Las palomas y los gorriones también conocen el lugar, pero acuden menos pues las picarazas no les dejan. Se ponen en lo alto de una casa enfrente a la mía, y en cuanto ven el alimento esperan a que me vaya al interior para bajar a comer. Las engaño pues mi interior a oscuras las despista si estoy en silencio, y en mi ausencia teórica y escondida, las veo pasearse por mi terraza como si fuera su casa, mientras yo las envidio disfrutando de su libertad para volar. Estoy seguro que ellas piensan lo mismo de mí: que aquella casa es suya y yo el forastero, cuando me ven tomando el sol y me odian por invadir su casa.

Las puñeteras se dejan los pocos gránulos de pienso compuesto que llevan las bolsas de comida para pájaros. Los frutos secos y dulces sí les gustan pero las bolas de pienso no. Son picarazas de ciudad. Debería explicarles que están muy buenos, pero no sé cómo.

23/8/16

Trascender debería ser obligatorio

Todos deberíamos tener como concepto vital el trascender ante la vida, sobre todo en la vejez. No debemos ser tan egoístas como para pensar que no tenemos la obligación de dejar algo, una brizna al menos, tras nuestro paso por estos lugares. Sería un poco como un alquiler mínimo por el uso. Intentar trascender es trabajar por dejar algo válido, nuevo, diferente, perdurable al menos unos años tras tu desaparición. Trascender es tardar en morir, es retrasar la desaparición real, tras la física que es inevitable. Pero trascender no es ser un sabio o un genio, no es dejar un legado de la hostia. Es dejar como decía antes unas briznas, unos rescoldos que simplemente mantengan un poco de calor durante un tiempo.

Vivir, sobrevivir, trascender, cooperar. Son verbos vacíos hasta que cada uno los va llenando según sus capacidades. Son comos sacos donde todo cabe. Cervantes nunca supo que trascendería. Séneca, Balmes o Aristóteles nunca pudieron sospechar que dos mil años después seguirían estando por las bibliotecas. Pero el inventor de la cerveza o de la tortilla de patata tampoco. Incluso tampoco el que pensó que la tortilla de patata con pimientos picantes es un lujo. 


La trascendencia es rara pues no se puede medir, no es posible saber hasta dónde llegará. ¿Quién decidió que Galicia no fuera portuguesa? ¿quien que era interesante poner ceniceros en los coches? ¿quién inventó los calzoncillos? ¿quién pintó los animales de las cuevas de Altamira?

19/8/16

Más de 10 años escribiendo en blog dan para muchos errores

Hoy me he impuesto la tarea de empezar a crear menos y a recopilar mejor lo ya escrito. No sé para qué, pero da igual. Me lo he impuesto y debo obedecerme. Al menos hasta mañana. Hace un poco más de 10 años que empecé en esto de los blog, un siglo parece. Julio 2006 era tiempos de guerra, como ahora, de estar enfermo, como ahora, de querer escribir, como ahora. Estoy contento pues he mejorado bastante en calidad de vida e incluso en salud. Los años me van sentando bien, aunque la vista me esté buscando la cosquillas. Mis casi 18.000 entradas en este tiempo dan para muchos errores, muchas meteduras de pata, mucho textos interesantes que conservar. Interesantes para mi. Las casi cinco entradas al día me indican que el trabajo ha sido en serio, con independencia de los resultados. Pero si me he sentido bien, debe estar contento. Para eso estamos. Mis casi cinco millones de visitas son la recompensa, el precio que he cobrado por el curro. No está nada mal, acostumbrado a que cuando he dado conferencias presenciales, ya hace años de eso, cuando lograba 60 personas era un éxito.

Cuando empecé aquel 13 de julio de 2006 no tenía ni idea de a donde me iba a ir llevando la vida. Ahora tampoco. Pero admitía que me estaba quedando atrás en este asunto de escribir porque sí, así que empecé a opinar al aire. Aquella primera entrada, diez años después, acumula once visitas. Jope. Cualquiera de las actuales logra las 100 visitas en su primer día de volar por internet. Incluso tengo una de la primera semana que hablo de los niños ante la guerra, que acumula seis visitas en 10 años. Hoy he publicado una parecida y en cuatro horas lleva 114 visitas. Cosas del movimiento de las redes y de tu propio asentamiento en este internet que nadie domina. O eso creemos, je je je.

18/8/16

Ha vuelto a morir el Capitán Trueno. Los héroes se mueren cuando quieren

El Capitán Trueno se ha vuelto a muerto, aunque llevaba ya unos cuantos años jubilado e incluso muerto sobre el papel, pues los niños habían cambiado y él se sentía mal destinado solo a las colecciones y los recuerdos. Nació en el año 1956, que debe ser uno de los mejores años del siglo XX por las muchas creaciones que nacieron ese año. Y el guionista fundador Víctor Mora ha muerto en este 2016, aunque oficialmente el Capitán Trueno murió en el año 2010 en un tebeo que nunca tuvo la importancia de los que se crearon entre los años 1956 y 1968.

El Capitán Trueno no iba solo. Le acompañaban Goliat, Crispín y a veces su novia Sigrit que vivía poco con el Capitán Trueno ya que en aquellos años las relaciones extramatrimoniales no eran bien vistas, aunque fuera el siglo XII y no quedara nunca claro donde tenían efecto sus aventuras, pues tan pronto salían como enemigos malísimos unos chinos o unos vikingos, barcos como desiertos.

Los dibujos primeros fueron de Miguel Ambrosio (Ambrós) que al igual que Víctor Mora como guinista se vieron desbordados de trabajo y la Editorial Bruguera les tiene que poner ayudantes, copiadores del mismo estilo que los fundadores, para poder atender las demandas de este tebeo “de chicos” de aquellos años sin televisión. Los niños de aquellos años lo recordamos con cariño, por los muchos tebeos que cambiábamos por céntimos en Casa Amadeo.

17/8/16

Guardianes de la Historia: Pompeya y el café en Napoles

La ciudad de Pompeya a través del programa de #0, Guardianes de la Historia, es mucho más que una ciudad muerta, es sobre todo una clase de historia, un ejemplo de la vida de los romanos para compararla con la actual, un montón de sensaciones donde la de estar dentro de ella viendo las multitudes de sus ágoras, de sus mercados, de sus prostíbulos, es solo parte de lo interesante. Se necesita sin duda un buen guía que no solo te muestre, sino que te enseñe, que lleve a vivir en aquellos años, te explique los motivos de la forma de vida. Y eso lo hace muy bien el programa Los Guardianes de la Historia.

Como muy bien nos ha recordado Arsuaga, no es posible entender una ciudad, un monumento, una sociedad, sin conocer y pisar su ambiente, la naturaleza que les rodea, sus circunstancias de lugar. Nadie somos nada si no entendemos de dónde somos y qué nos rodea, quienes nos rodean.Las circunstancias de cada lugar marcan y mucho a los habitantes de cada lugar y con ello a sus proyecciones de futuro, a sus ciudades y sus formas.

Vuelve a monstrarnos, a ser Pompeya otro ejemplo de turismo masificado que debemos empezar a replantearnos, no para evitar que lo veamos tantas personas, sino para planificar mejor las visitas, con desestacionalizaciones incluso de horarios. Me imagino Pompeya de noche y creo que puede ser otra Pompeya, otra manera de entender la vida romana. De esos romanos de los que todavía mantenemos muchas formas de vida, muchas más de las que creemos, y sin duda el vino es una de las más reconocidas. El vino y la cerveza. El trabajo que se está haciendo en el Mediterráneo para conservar formas viticultoras antiguas, es a tener muy en cuenta, y me viene el recuerdo ahora la Ribeira Sacra en Galicia, que ha perdido casi toda su cosecha del 2016 por culpa de unas tormentas de granizo.

Pero quiero cerrar esta entrada con un toque de atención positivo al dueño de la cafetería de Nápoles que dice haber inventado 61 clases diferentes de café. Es conocido por "El profesor", y no por ser profesor real de música, sino por haber inventado tantas clases diferentes de café en la ciudad del café italiano. No tengo claro si era el Gran Caffe Ciorfito, pero de todas formas, su café de avellanas que nos muestra el programa tenía una cara como para soñar con él.

Existe la música de calidad, aunque se nos haya olvidado

Me pongo música para bebés y escucho gorgoritos de pájaros enjaulados, saxos que acompañan y alguna percusión sencilla, todo muy limpio y real. Me entran ganas de tomarme un vaso de leche. Pero de la teta, claro. Me sorprende la calidad de la música que escucho. La música enlatada puede tener calidad y eso se nos (se me) había olvidado. Tanto ecuchar Spotify y tanta música de cascos malos, que cuando escucho un poco de clásica en unos bafles Bose de los normalicos, me sorprendo. Incluso salen unos sonidos por el derecho y otros por el izquierdo como en los años 70 con el amplificador de válvulas. No todo mejora con los años, pero lo curioso es que no siempre nos damos cuenta de lo que perdemos, por no saber elegir.

Claro que…, si no mejora es porque no queremos y caemos en las trampas que nos ponen los fabricantes de plástico. Estoy seguro que se puede seguir comprando buenos B&W y amplificadores de los de verdad, olvidarnos un poco de la música MP3 comprimida no se sabe nunca cuantas veces y volver a la simple normalidad. El oído enseguida lo nota, e incluso para un tipo como yo, sordo por lo mucho que ya he escuchado en la vida, me da la sensación de que te lo agradecen los martillos de dentro.

Ojo, y eso que con esta música para bebés que escucho, estoy perdiendo calidad por un tubo. Escucho desde iTunes, es decir desde el ordenador, aunque es cierto que el original es “de verdad” y sólo se ha sacado una vez el sonido para meterlo al ordenador. Y que los altavoces son aceptables, aunque sus cables sean de plástico. Esto mismo, con unos calbes buenos y terminaciones chapadas en oro como poco, más un amplificador de verdad y unos bafles B&W como los del salón para la tele, podría ser la hostia. Pero los B&W los dedico para ver Sálvame y a lo sumo el Telediario, que mola mucho hacer el idiota.

15/8/16

Es muy complicado amar si los excrementos no están por la labor.

Todos creamos constantemente. Sí, sí, tú también. Todos creamos con A no con E, que también. Creamos o mantenemos lo que hemos creado, que sigue siendo otra forma de crear, pues todo se desnaturaliza, de degrada, y mantenerlo es seguir creando. Creamos con arreglo a nuestra posibilidades, a nuestras necesidades, incluso en muchos casos con arreglo a nuestros deseos. No siempre es así, pero lo intentamos. La libertad es un bien precioso para crear.

Creamos cuando saludamos al amigo, al vecino, a la pareja. Creamos cuando sonreímos a nuestros hijos, cuando decidimos trabajar un domingo o cuando decidimos no hacerlo. Crear es avanzar, es edificar, es incluso dejarte llevar, pues supone no rebelarte. Crear es hacer. Pero poniéndole ganas, énfasis, deseos.

Con los años las ganas son diferentes, no menos, sino simplemente adaptadas a las posibilidades. Nos movemos según nos deja el cuerpo. Somos esclavos más que nunca del cuerpo. Dependemos de él para ser. Ya no manda nuestro ego o nuestra alma, como quieras pensar o llamar al interior.

Manda el cuerpo, esas cosas tan asquerosas que llamamos hígado, páncreas o bilis. Los viejos en la historia vieja sabían que los humores eran los dueños del mundo, pues eran los dueños de las personas. Las excreciones era lo que indicaba lo jodido que estabas, pues no había ecografías ni rayos X. 

Así que pare crear dependes de los mocos, de los orines y de las cacas aunque no te lo creas. Si van bien, tienes ganas de seguir creando. Si están jodidas y tú no lo sabes, los humores se tuercen y te van mermando las tripas, la sangre o las ideas. 

Es muy complicado amar si los excrementos no están por la labor. Dependemos de las mierdas.

13/8/16

Aburrición versus jubilación. ¿Qué debemos hacer?

Decía un tal Carl que a partir de la mitad de la vida hay que empezar a desmontar el “yo”, el ego, lo que uno cree ser, para empezar a construir la huida, esa mitad de la vida que es la válida y la vuelta. Por cierto, la que no disfrutarás del todo ni tú ni yo. Creo que Carl se equivocaba en lo de la mitad de la vida. Si tenemos en cuenta que hasta los 20 es poco lo que somos, poco lo que creemos ser, yo estos años los quitaría del cómputo total. Si estamos de media por estos lugares hasta los 80, la mitad de la vida sería sobre los 50.

Incluso yo me atrevería a decir que la edad más correcta para desmontar el ego debe ser a partir de los 60, pues pedirle a alguien que a los 50 empiece a dejar de creer en sí mismo para que dejen de creer en él los demás, me parece excesivo, pues no sirve de mucho dejar de ser para que los demás crean durante más tiempo lo que no somos a tan temprana edad, y me parece una petición que deberíamos retrasar hasta que venga por sí sola en ese tiempo que todos llamamos de jubilación, que viene de júbilo o no de aburrimiento. Si quisieran que nos aburriéramos lo hubieran llamado la aburrición en vez de la jubilación.


En los 60 hay que recoger velas, mirar el tiempo que hace, tomarse las cosas con calma…, y mirarse en el espejo para verse de verdad. Todo lo que no veas de tí, no existe. Y de lo que veas, la mitad no es lo que ven los demás. Toca recoger la calma que vaya quedando, dejar de pensar en los demás, para pensar más por los demás y para los demás, olvidarte de lo que los demás piensan sobre tí y analizar qué piensas tú mismo sobre tí. Si, si. Duro. Pero hay que caminar hacia puerto, y nadie nos dijo que no tuviéramos que volver a pisar tierra nunca más.

12/8/16

Otro bobo machista se equivoca en el orden de los disparos

Hoy otro bobo machista ha intentado matar a su ex pareja en Zaragoza. Un tonto de baba que se cree poseedor de la riqueza material y divina, de la vida suya y de la de su esposa e hija, de la justicia y su razón, que es la única para él. Un pobre mal educado, y su familia lo sabe. Los adjetivos de más calado me los reservo. Las mujeres deben aprender mejor a defenderse desde el principio, y voy a ser duro aquí, lo siento. Las mujeres deben elegir mejor a los hombres con los que quieren compartir una parte de su vida. El amor no es ciego, eso es mentira. Y si fuera verdad hay que huir del amor. Que no os engañe nadie, abrir los ojos desde la primera cita. Aprender a elegir, joroba.

Hoy la mujer ya no necesita a ningún hombre para nada y si está con uno es libremente en su totalidad y por ello debe saber elegir. Hay que huir de los violentos aunque sean verbales y aunque sean contra terceras personas o conduciendo o viendo la televisión. El violento es violento contra lo que considera suyo, aunque sean ideas. Y es posible que con el tiempo considere de su propiedad a su pareja, a sus hijos y al canario pinzón. Un violento es un violento, y si no es contra quien está cerca, se aguanta por cobardía o porque todavía no ha llegado el momento. Nadie necesitamos a una persona violenta en nuestra vida. Ni para defendernos. Eso era de los tiempos prehistóricos, cuando había leones y chacales por los campos.

Incluso el hombre violento leve debe quedarse solo, hay que abandonarlo, para que aprenda a que la violencia leve es leve pero es también violencia. Si no ha tenido la suerte de ser bien educado, siempre puede aprender, elegir un reciclaje, pero que lo haga sin nadie cerca que se tenga que jugar la vida. Este tipo de bobos violentos son además de los que creen que con matarse ellos mismos ya han pagado las culpas de su cobardía. Son muchas veces de esos de perdón y castigo, de castigo y perdón, todo en uno. Saben que está muy mal lo que hacen, pero no renuncian a pedir perdón, dándose como penitencia un tiro en los sesos. Siempre, eso si, su propio tiro es posterior al que lanzan a sus parejas. Joder, el orden de los factores sí altera el producto. Se podían dar el tiro ellos solicos, en los sesos y si les parece mucho, pues en los huevos, que igual escuece más.

11/8/16

Miles de españoles cazando Pokemon. Y luego dicen que hay crisis social

Hoy en el Retiro de Madrid, por la tarde cálida, el número de personas buscando Pokemon llegaría al millar, y lo digo lo más serio que sé ponerme, y sin haber quedada ni nada, que lo he preguntado como cualquier imbécil con cara de bobo. Se les nota porque llevan el teléfono como si fuera un buscador de metales y porque a veces mueven el dedo muy rápido como para dejarse la piel en el intento de pillar al bicho. Lo he visto en directo. 

Los cazadores van en grupos o en parejas como poco, hablando de lo que ven en una pantallita oscura. He parado a un trío de jovencitos que se han quedado absortos de que un anciano les preguntara por qué era aquello. Yo lo sabía pero me gusta hacerme el tonto. Los chicos me lo han explicado como el que intenta enseñar a un analfabeto que la eme con la a es ma. En la pantallita de lo que muchos empleamos a lo sumo para navegar y que se llamó en tiempos teléfono, ellos ven bichos que hay que cazar. Pero en plan oscuro y con poca resolución. Y que hay unos muy difíciles de cazar pues hay pocos. Vamos, como pasaba en los cromos de Vida y Color con el esqueleto.

Hay parejas, os lo juro, en edad de follar, de meterse mano, de besarse. Pero prefieren cazar Pokemon a ponerse hablar de sus amores o de lo cabrones que son sus respectivos padres. Es el fin del mundo. Y moriremos cazando pixeles. Curioso es este fin del mundo que no supo diseñar bien San Juan en su Apocalipsis. Si él se llega a enterar de los Pokemon lo hubiera dejado escrito. He visto a padres cuarentones con el hijo llevando el teléfono en prevengan, y explicando lo mal que está la tarde, pues no encuentra nuevos. Los padres saben que están perdiendo al hijo. No hay quien soporte la comparación entre unos padres, unos amigos de verdad y unos Pokemon. Ganan estos. Al menos en los próximos días.

Los gitanos cantaron a Dios, y nosotros aplaudimos con ganas

Ayer vimos flamenco en el teatro del Círculo de Bellas Artes, ese arte con mayúsculas que a veces convertimos en una fantochada para turistas. El flamenco es sentimiento, es compartir sensaciones, es levantar el movimiento de las entrañas. Y si no se logra, ni es arte ni es nada. Ayer vimos "Los gitanos cantan a Dios", una misa flamenca entre 8 geniales artistas gitanos que supieron llevársenos de los asientos, hasta levantarnos al final en aplausos.

Pero empezó muy mal la obra. Habría que explicarles a los que no lo tengan claro, que los inventos modernos como la megafonía, la música enlatada, el excesivo poder de un amplificador y sus amigos los altavoces, hacen un daño al teatro musical y más si es flamenco, que no tiene medida. Empezar con violines y coros enlatados mezclados con las guitarras en directo, en una obra que esperas flamenca y cercana, es un crimen.

Pero antes de la mitad de la obra se frenó el invento, se diagnosticó que ellos solos con algunos coros que no se solaparan era lo correcto, todo para llegar hasta el Padrenuestro con ese espíritu flamenco que de todo se apodera. La Compañía de Tito Losada supo encandilar el momento, se apoderó de lo suyo, que lo hacen maravillosamente, añadieron a un bailarín zapateador que par cía un ángel, lo mezcló con la percusión de la caja..., y todos se lo agradecimos enormemente.

Los cantantes fabulosos, dos de las tres guitarras un encanto, el percusión un artista y el bailarín un ángel enorme que encima el condenado es guapo a rabiar. El éxito era lo normal. ¿La obra? Bueno, para un NO practicante es lo de menos, en su conjunto sin duda es una misa flamenca muy bien realizada. Pero el trabajo de Tito Losada es sobre todo el de haber sabido engranar todo el conjunto hasta hacer una belleza increíble con poco decorado, unas luces perfectas y un sonido que debe hacerse analizar.

8/8/16

Recuerdos de una infancia en el Boterón

Tengo que retocar en el ordenador unas imágenes de cuando tenía media docena de años o poco más, es decir ayer como quien dice, un cero menos simplemente. No es añoranza, es curiosidad y es mandarlas a mi hermano. Mi padre vestía como en las series viejas de televisión y nosotros aunque con pañuelo blanco en el bolsillo de la chaqueta, llevábamos unos pantalones que no sé si tapaba todo lo que cuelga. Eran cosas que sucedían. Yo era y creo que sigo siendo el más alto.

Éramos pobres de verdad, pero lo digo con simpatía y orgullo. Éramos pobres de los de ayuda, de los que llevábamos traje con corbata porque nos lo daban de otros niños, junto a la harina y el azúcar. Nunca recuerdo haber pasado hambre, y mi padre nunca estuvo desempleado hasta sus 50 años. Trabajaba incluso los domingos por la mañana, pero era un inmigrante al que le pagaban muy poco por sus muchas horas en una gran empresa. Teníamos ayudas de familia que nos cubrían de lo que necesitábamos y un padre que supo crecer desde la nada.

Era inmigrante, sí, inmigrante de los años 50 que era una forma de ser inmigrante siendo de Soria. Ahora suena a risa, a sonrisa maliciosa. En aquellos años se era inmigrante si se buscaba trabajo con 30 años, viniendo del campo. Así que soy hijo de familia pobre y de inmigrantes. Y eso marca un poco, creo que para bueno. No pudimos estudiar los hermanos, yo aun estuve unos años en un colegio de curas enchufado gratis por una señora de las de dinero, en las plazas gratis.

Pero sin estudiar hemos logrado estar en las puertas del cielo. Ambos. Eso sí, a ninguno nos han dejado entrar, pero al menos hemos visto por una mirilla que el cielo es algo muy parecido al infierno. Y con más frío.

7/8/16

Yo quiero a las sargantanas. Son mis amigas

Creo que hay pocos animales de ciudad que representen tan bien la naturaleza como una sargantana, una simple lagartija de ciudad. Un animal que si en vez de medir 10 ó 15 centímetros, midiera dos metros de largo sería un peligro aunque sólo comiera ranas y hierbas. El acojone sería seguro. Pero es diminuto, es suave, es escurridizo y rápido.

Yo de puber me dediqué a coger muchas sargantanas con mi amigo AN. Iban a derribar una gran tapia en nuestro barrio, llena de cientos de lagartijas, y nos dedicamos con la ignorancia de los jóvenes colegiales, a trasladarlas de calle. Nunca supimos si las salvamos o ellas, más listas que nosotros, cometían la tontería de volver a su tapia original. Pero aprendimos a cazarlas con la mano. Parece complicado pero si practicas al final se te escapan pocas. Y lo más importante, aprendimos hacerlo sin que se les rompa la cola.

Las sargantanas tienen una habilidad tremenda para huir de los niños tontos. Si les cojes de la cola, ellas mismas la parten, se sueltan de ella y así pueden huir de tus garras. Luego les crece. E incluso es normal verlas con dos colas, la nueva y la que no terminó de partirse y que al final han logrado arreglar y curar.

Para cogerlas hay que hacerlo a la contra. Como las moscas. Ellas no saben recular y hay que cogerlas con suma suavidad poniendo lentamente la mano por encima y delante de su cabeza. Y faltando un palmo de un golpe seco atraparlas sin apretar nunca. Si las coges con delicadeza por debajo de sus manos, son suaves e incluso como están atemorizadas se dejan acariciar sin moverse. Pero os recomiendo que nunca lo hagáis, pues ellas prefieren y necesitan la libertad.

La ciudad que tiene sargantanas sigue viva. Esta que os dejo es de hoy, de un barrio de Zaragoza rodeado de enormes edificios muy altos. Pero a ella eso le da igual, si hay agua y verde, si hay acequia y campo. Yo hace más de 45 años que no cogo con mis manos una lagartija. Pero las quiero.

6/8/16

El caso de Teodoro, que no quiere salir a la calle

Ayer me contaron el caso de Teodoro, un hombre de 91 años que vive en un pueblo aragonés de poco más de 3.000 habitantes. No quiere salir de casa, no quiere ir al bar ni a misa. No quiere salir a su terraza que da a la calle en planta baja. No quiere ver a nadie. Su mujer de 86 años está en un sin estar pues como mucho está a medias, y aunque los dos están bien por fuera de casi todo, a Teo se le han muerto todos los amigos y conocidos.

No quiere salir a la calle para no ver a nadie. Le quedan en el pueblo conocidos más jóvenes que él, pero a esos no los quiere ver pues dice que no son suyos. Cuando le visitan ni les habla. Creo que Teo quiere morirse, pero nadie lo verbaliza, nadie quiere pensar en eso ni en él. Y Teo no sabe de qué forma cerrar su vida.

Su pueblo aragonés ya no es su pueblo, no hay nadie que le recuerde a su pueblo. Están las casas, pero hasta el cura se lo han cambiado por otro viejito pequeño, pero diferente. Empezó por dejar de ir al bar, al centro de la tercera edad, a misa, a las tiendas. Cree que le miran como a un tipo dispuesto a acabarse en cualquier momento. Y Teo aunque tenga 91 años, sigue pensando como si tuviera 50.

Su hija que vive en la capital quiere ser drástica, ha dado con la única solución posible para que todo vaya todavía peor. Se lo quiere traer a la ciudad, pues allí estar en casa sin salir es mucho más habitual. Se lo dice la madre, que ya empieza a olvidarse de las cosas y a temblarle la mano derecha. A veces durar muchos años, no es vivir muchos años. Es simplemente esperar a morir. Por eso es tan importante la calidad de vida. Alargar para nada, es tontería.

5/8/16

Somos tan antiguos, que seguimos siendo monos pero vestidos

Decía hace poco alguien en alguna entrevista —soy un desastre de memoria— que el éxito del ser humano es el lenguaje, haber logrado encontrar la forma de hablar de verdad. Que sí, que está bien lo de andar erguidos, lo del dedo gordo de la mano, pero que si no supiéramos hablar no podríamos transmitirnos el conocimiento. Podríamos escribir, tal vez, pero no hubiéramos aprendido a leer de forma global. Y sin hablar ni leer no hay crecimiento del cerebro. Seríamos sapos con pelos. O monos sin pelos.

Que somos animales no hay duda, y que no descendemos de Adán y Eva sino de unos cochinos monos, tampoco. Somos la transformación de unos monos desnudos que comían manzanas, y que pasaron a la inteligente decisión de vestirse y comer carne. Sin proteínas no crece el cerebro tampoco. Sin proteínas no hubiéramos sido capaces de comernos a nuestros enemigos y así meterles miedo del carajo. Sin miedo no hubiéramos aprendido a no tenerlo.


Lo de vestirse estuvo bien. No para llevar bolsillos, que también, sino para que la selección natural fuera a costa del cerebro y no del chocho y la polla. Si siguiéramos desnudos por la vida yo no hubiera podido casarme nunca, no habría tenido este santo país a un economista de prestigio, pues me hubiera quedado célibe. Tuve suerte y a mi traje cruzado con 16 años le sumé un pelo que cubría los hombros y así pude engañar a una mujer. Si hubiera ido desnudo nunca se hubiera fijado en mi.

Somos animales y no queremos reconocerlo, lo cual es un error pues de hacerlo tendríamos una excusa más para hacer lo que nos viniera en gana. Ser animal es cómodo. Y si la cosa se pone fea, te pones un vaquero y una camisa clara y a fardar que eso nunca falla. 
 
Un animal, aunque sea racional puede hacer tonterías, incluso votar a Trump o a Mariano. Incluso pensar que todos los políticos son igual de imbéciles. Pero si no quieres ser animal eso cuesta más. Ahora es ya complicado volver a ser animal, pues ir descalzos por el bosque te deja los pies hechos una mierda. Y luego está el fallo de los bolsillos. ¿Dónde pones el móvil? Dios no nos hizo bien, no pensó en esto. Ni en el mechero.

Guardianes de la Historia nos llevó hasta la Compañía de Jesús

Ayer volví a ver el programa “Guardianes de la Historia” y sin tener la potencia del primero hay que reconocer que otra forma de hacer televisión es posible y deberíamos reivindicar como un derecho. Este programa debe ser caro, no tremendamente caro. Pero son las formas las que reivindico, las calidades en los planteamientos, en esa dirección de mezclas, de pequeños asuntos que complementan el todo.


Ayer tocaban los jesuitas con las misiones guaraníes en la frontera entre Argentina y Paraguay. Un mundo anclado otra vez en otras edades del hombre, un mundo imposible. No es un programa de viajes, es un programa de historia que es lo que pocas veces se ha hecho en España. Historia antigua, no historia del siglo XX con sus guerra. Historia tranquila, tremendamente diferente pero con ese poso de intentar llevarte, de transportarte hasta ese momento histórico.

El intento de “Guardianes de la Historia” por transportar a los espectadores al momento real de las Misiones de la Compañía de Jesús tiene dos espléndidas herramientas, que una le sale mejor que la otra. La música, el guaraní, los coros, son un ejemplo espléndido de acercamiento mental al momento histórico, al lugar. Lo intenta con menos éxito el programa cuando habla de gastronomía y nos muestra con muy poco tiempo aquellas comidas, aquella gastronomía de batalla, de pobreza, de pena.

El programa tiene un problema. Y grave. Sólo lo pueden ver unos miles de españoles que a esas horas además de ser abonados a #0 prefieren ver guaraníes a ver cualquiera de las 20 películas de pago. Eso es injusto. Necesitamos conocer nuestro pasado español. O el de China o de Senegal. Con esa calma que le pone Juan Luis Arsuaga. En serio, debería abandonar con urgencia su trabajo en Atapuerca, y dedicarse a comunicar, a transmitir con esa calma y esa forma de ser sabio sin que se note, lo que muchos necesitamos conocer.

Odio comprar ropa de acompañante, y otras brevedades

Me está aburriendo la política, algo que no debería sucederme nunca, al menos siendo político. Pero digo me aburre para no decir que me da asco. El nivel está tan bajo, que hay que mirar varias veces para entender algo coherente.

Ayer estuve con RO que es un amigo con un mundo interior tremendo, lleno de rarezas y de brujas, de piedras con poderes y de gránulos de salud. Me aburre. Lo siento, podría no aburrirme, debería no aburrirme con tanta diferencia conmigo. Pero no hace nada por ello. Habla mucho más que escucha, pero me aburre su discurso. A veces sucede, la cantidad no tiene nada que ver con la calidad. Muy pocas personas me aburren, y si alguno lo quiere intentar me lo redirijo a mi redil y le voy sacando substancia. Pero con RO no puedo.


Odio ir de compras para ropa y similares, odio ese espacio mental y temporal que sucede en la elección de la ropa. Toda me parece suficiente, pero no entiendo a los demás probándose ropa que antes de llenarla ya se ve que no encaja con la personalidad. La ropa es la piel, y a un elefante no le pueden poner las plumas de una gallina o a una lagartija la piel de una rata. La ropa es lo que mandas a los demás para decirles cómo eres. Es pues un engaño o una equivocación o un disfraz para sentirte más capaz. Depende. Lo admito y lo aplaudo. Que cada uno se vista como quiera. Pero por favor, ¡rápido!

3/8/16

Un abrazo a todos los oncólogos del mundo mundial

Ayer tuve hematólogo, que es un médico sin medias tintas; o es el doctor Jekyll o es con el paciente el mister Hyde que te mira con cara seria y te avisa. O es un científico que te da buenas noticias y en segundo sales de la consulta dando botes o el doctor Grave tirando a muerte que te debe dejar en la silla, pegado y sin ganas de levantarte. Tengo suerte, llevo seis años con una “cosita” mal en la sangre, pero que no sube ni baja, es sólo susto.

Uno cuando entra se encuentra a un doctor super simpático. Siempre es así cuando te da buenas noticias. He tenido la enorme suerte de que no lo conozco ante las malas. Me imagino que esa figura de hombre campechano, con cara de colorines y alegre…, se tornará grave y circunspecto. Cambiará entre el doctor Jekyll y mister Hyde según lea en los análisis unos numericos u otros.

Es el mismo médico que trató a mi amigo CH hasta que ya no pudo tratarlo. Un oficio bien jodido el del hematólogo y tantos y tantos médicos como él, que tienen que saber jugar a dos barajas. Sin ellos la vida sería para los pacientes mucho más corta, más inexplicable, más absurda, más dolorosa. Un médico de familia nunca deja de ser médico durante todo su vida, a todas horas les estamos tocando la moral los amigos y familiares. Pero un médico oncólogo debe ser otra cosa, me imagino que con estos médicos nadie les pregunta nada para no sufrir susto. De un médico de familia esperas que ante un dolor de garganta te de unas pastillas maravillosas. De un oncólogo esperas una respuesta, así que lo mejor es tragar saliva y no preguntar. No te vaya a responder.

2/8/16

La libertad de saber que no tenemos toda la libertad

Decía Salvador Pániker, más menos que más, que la decisión de salir de casa con paraguas o no ante un día nublado, se toma de la misma manera con la que se toma si lanzar una bomba atómica o no lanzarla. Intervienen los mismos elementos: esa experiencia anterior, esa información que se va sumando, esa idea vaga de que eres quien debe tomar la decisión, la sensación de que tampoco es para tanto pues bombas atómicas tengo muchas y los japoneses son unos cabrones que nos han hecho ir de culo.  Truman debió pensar que era más económico matar a muchos de golpe que a muchos más en pequeñas dosis. Entonces…, ¿qué hago, cojo el paraguas?

Somos libres para decidir, incluso para saber que no siempre podemos decidir. Decidimos con libertad, incluso tenemos la libertad de no decidir, Y la libertad de saber que no tenemos toda la libertad. Esto lo enseña mucho mejor el Pániker que para eso es filósofo. Somos un poco libres, lo que quieren que seamos para contentarnos según el siglo. Incluso hay muchos que piensan que la libertad ¿para qué? Son los comodones, los tontos de baba, los que además de no querer la libertad se la quitan a otros. O lo que es peor, se la quitan a su pareja, que es la que más cerca tienen y son unos mierdas para intentarlo más lejos de dos palmos de sus narices.


Yo ya no miro al hombre del tiempo. Se equivoca mucho y al final la decisión la tengo que tomar yo. Prefiero la gorra al paraguas, y estoy valorando muy seriamente comprarme una boina. Sería la aceptación pública de que ya soy mayor. Prefiero la boina a tirar una bomba. E incluso que a mojarme la calva.

¿Qué nos queda si no cuidamos las relaciones humanas?

Ayer volvimos a hablar con T, tras varios meses de silencio. Cada persona exigimos a veces un tiempo de respuesta, de implicación, que no coincide entre los interlocutores. Nuestra amiga T desearía que estuviéramos todas las semanas con ella, completando su soledad. Y eso es muy difícil pues no nos sobra tiempo. Explicarlo cada vez es imposible si no desea admitir. Y dejar que el tiempo lo resuelva lleva a veces a vacíos en el tiempo que son tristes e incluso dolorosos pues no tienen motivo.

Las relaciones entre personas son siempre cosas de como poco dos. Y deben encajar los deseos, los tempos, las posibilidades y las ganas. Y quedar para quejarse…, no ayuda a resolver la comunicación. Con la suma de años los amigos se van diluyendo, los nietos tienen mucha culpa en una sociedad donde los abuelos somos una mano de obra muy barata. No es el caso, pero sí lo es en global. No estamos valorando la amistad como un pilar para la tercera edad. Incluso se pierde esa amistad especial con tu propia pareja, algo que recomiendo no perder nunca.

¿Qué nos quedaría si no somos capaces de cuidar las relaciones humanas? Esto en los años viejos, en los pueblos o barrios pequeños, estaba resuelto con la silla de anea. En verano los vecinos quedaban en el patio, en la calle, y se olvidaban de lo que no existía, la televisión. Eso se perdió y ahora queda el intento de añorarlo. Necesitamos hablar y necesitamos escuchar. Ambas cosas.