30/9/16

Ni ser, ni estar. Simplemente observar

No es lo mismo ser que estar. Intento ser feliz siempre, aunque es verdad que va por años o por décadas. En cambio no siempre puedo estar feliz, depende de muchos factores, aunque algunos los minimice. Le leía el otro día en un libro de Pániker y es verdad. Por mucho que seamos de una forma, a veces no podemos mantenernos. Pero si somos, es muy sencillo volver a ser.

Claro, que al contrario también sucede. Si eres un pesimista, aunque las cosas te vayan bien, enseguida vuelves a la melancolía, a la tristeza, a la mala suerte. Así que debemos cuidarnos qué ser, pues eso deja huella muchos días al año. Lo de “estar” es más modificable, más cambiante, incluso más capaz de invertárnoslo. 
 
pero a veces, cuando las cosas no van bien, o cuando son complejas de verdad, o cambiantes, o nos superan, estar de observador puede ser una solución temporal. Aunque al final deberemos decidir si estamos o somos.

26/9/16

Qué complicados somos ¿no?

Es sumamente complicado mantener el mismo discurso entre diversos parlamentos, pero es obligado si uno quiere ser el mismo siempre. Muchas veces, la mayoría, no te entienden o unos u otros, por un motivo o por otro, así que, como nos damos cuenta, nos entran ganas de modificar nuestras ideas. ¿Pero hacia dónde, si no encajan por un motivo o por el contrario con las de los interlocutores?

Dudar es de humanos. Incluso creo que desde la duda es desde donde mejor se construyen las ideas. Si las detectamos, claro. Si somos capaces de darnos cuenta de qué parte hay que pulir y qué mantener a costa de todo. Dudar está bien, que nos hagan dudar demasiadas veces, ya no.

Algo que también complica el discurso de la reflexión. Reflexionar está muy bien. Reflexionar en exceso es un error pues al final caes rendido ante las dudas y en la misma reflexión entran las torpezas disfrazadas de miedos y tras ellos los cambios.

Decía alguien que la filosofía no sirve para aclarar o desbrozar caminos, sino para que entren más dudas y nos obligue a repensar, a ponernos en cuestión. ¿También nosotros nos tenemos que poner en cuestión? Joder qué complicados somos, ¿no?

18/9/16

La Alhambra es una mezcla de arte antiguo y sensaciones actuales

He iniciado el día viendo una hora de La Alhambra y escuchando a Soleá Morente. Es complicado encontrar una mejor forma para desayunar arte. No creo tener sangre árabe, pues mi familia proviene, creo, del País Vasco y de Huesca. Zonas no muy mezcladas. Pero sí tengo dentro esa sensación de que el mundo árabe tiene mucho que seguir enseñando, hoy manchado parcialmente por la violencia y la religión. Hay algunas parcelas de la forma de entender la sociedad que además de ser necesarias hoy en día, han servido para mantenernos vivos todos, pues para ellos la familia es el núcleo de fundamento. El cuidado al arte y a la gastronomía, el mantenimiento de la conversación, de los zocos, del uso correcto del agua, de los huertos, de la ayuda entre personas, de la sonrisa, son pequeños lujos que se van sumando. Tienes errores o diferencias que hoy no se deben mantener más. Pero a veces dan la sensación de que en vez de avanzar, se empeñan en seguir anclados a normas religiosas que ya no encajan. Y me refiero sobre todo al papel de la mujer no tento dentro de su familia, como en su contacto con la sociedad. Cuestión de tiempo. Creo.

17/9/16

Reir. Otoño. Divino. Estoy loco

Hoy no sé de qué escribir, y no porque me falten materias, rollo, sino por estar atacado de las dudas. Escribir para no ser leído es tontería. Es el ego de cada escritor. Nos gustaría coger a los lectores, aprisionarlos contra las letras y esperar a mirarles las caras. Serían todas de asco, claro.

Ayer tuve una reunión interesante sobre lo humano y lo divino, mezclado para buscarle las cosquillas a las ideas. De toda conversación salen ideas interesantes, aunque luego cuesta mucho ponerlas en práctica. Pero siempre queda el poso, la sensación de que si estamos en equipo, somos capaces. Hay que ir hacia lo complicado, para si no somos capaces de alcanzar la meta, al menos habremos avanzado y será interesante el camino. Dos es mucho más que el doble de uno.


Llevamos con la pareja dos semanas que nos reímos más de lo habitual en nosotros. Mucho más diría incluso. No sé si es peligroso tanto lujo, pero sé que esto no puede dudar mucho. Y me podría estar acostumbrando a esta necesidad. ¿Qué hago cuando se nos acaben las ganas de seguir riéndonos? Reir es mucho más que mil pastillas, pero es más complicado de comprar.

En la calle hace frío, ese frío de septiembre que no esperas, que creías olvidado. Ese frío que casi agradeces pero que te pone triste pues se acompaña de unos días más cortos, de más noche y oscuridad. Está cambiado esto y el otoño nos quiere atacar. En verano molaría mucho disponer de mucha noche y menos día. Y en invierno tener más día para alumbrar las nubladas y poca noche para no caer en la tristeza. Pero es lo que tenemos.

13/9/16

Y si soy tan tonto que no me doy cuenta de que soy tonto?

Nunca oculto que soy un pequeño político de barrio, un cargo similar al de una ONG pero desde la política. Soy político sin cobrar, pero lo soy y lo digo, ahora que está todo muy malamente para decirlo. Pero cuando vas en grupo, sea de viaje, de grupo de conocidos que no te conocen, siempre hay alguno que se mete con los políticos haciendo la gracia que parece molar mucho. Da igual el tipo de chiste. Cualquier tontada que insulte sirve para eso.

El sábado una chica muy mona dijo que subieramos a un determinado palacio, donde había una cafetería en la terraza, pues abajo estaba un parlamento regional (fuera de España) y así podríamos estar alguna vez encima de los políticos, y no siempre debajo. Estuve a punto de ofrecerme de voluntario, para evitar la subida al ascensor, pero aunque aquella moza estaba como un queso, había en mi grupo personas de peor tamaño y posibilidades. La chica joven de escote agradable hubiera quedado más mona todavía encima de este seguro tonto político. Los dos vestidos, claro. Ya digo que yo soy tonto.

Los políticos, casi todos, somos personas normales. Varados en dique seco y con aspecto un poco ajado como barcas inútiles, es cierto. A veces incluso nos gusta el vino, la cerveza tostada y comer con los dedos. No lo podemos evitar. Y tanto nos insultan por todos los sitios que ya nos reímos, yo al menos, pues esto o te hace gracia o maldita la gracia que te hace. Y yo he optado por reirme. Eso sí, explico siempre que me dejan —que son pocas veces— que no cobro, que todavía no he robado, que no soy tonto y que me gusta. Y esto es lo que menos entienden: “que no aspiro a nada que no sea ayudar y pasármelo bien”.

Hay gente que se hace de un equipo de fútbol. Otros de una ONG. Hay personas que ayudan desde la parroquia. Otros desde los sindicatos. Yo desde un partido político, donde hay trabajo a punta pala, para resolver entuertos de vecinos, personas con dificultades, asfaltos que se rompen, árboles mal podados o avenidas mal planificadas. Entran muchas cosas a veces inentendibles, y cada uno nos especializamos en algo concreto, para dejar de ser aprendices de todo. Y no soy tonto. O al menos no me doy cuenta. ¿Y si soy tan tonto que no me doy cuenta de que soy tonto?

7/9/16

Un sueño raro que se repite cuando quiere él

Tengo un sueño que se me repite cada vez que quiere que me duela la cabeza por la noche. Freud lo sabría explicar pero los demás me temo que no. Es un sueño largo donde yo compro una vivienda que nunca empieza a construir y por ello tengo reuniones con el constructor y con el abogado. Siempre son iguales, siempre se repiten una multitud de pequeños detalles nimios, pero siempre son exactamente los mismos. Como una película exacta que vuelvo a vivir mientras duermo.

Nunca me ha pasado nada igual. Parecido decenas de veces por mi trabajo. Pero circunscrito a la compra de una vivienda, nunca. Cada equis años lo vuelvo a vivir dormido. Siempre me comporto como un caballero con los jetas que se han quedado con mi dinero y siempre admito que estas cosas pueden suceder, aunque nunca en el sueño empiecen las obras y siempre las contemplo como un retraso eterno y no como una estafa.

¿Que para qué les cuento yo esto? Pues ni puta idea, pero es que esta noche la he vuelto a soñar, y tengo una mala hostia que me comería al regordete del vendedor. Antes me abofetearía yo mismo por no poner esa mala hostia que ahora tengo, en el sueño para resolver esto de una vez.

Yo soy desconfiado y duro negociador cuando estoy despierto, así que tal vez mi parte de bondadoso en las negociaciones permanezca oculto, exista de verdad pero reprimido por el otro yo, y sólo sea capaz de salir en el sueño que se ha montado eso yo para seguir vivo, escondido y acojonado por el de verdad. ¿Ves? Todavía no estoy despierto del todo, pues intento justificar al flojeras que no se da cuenta del engaño. Pero la cabeza me duele de verdad.

6/9/16

Los piropos que subieron mi autoestima anciana

Ayer dos señoras de incierta edad, tal vez mayor a la mía pero muy bien preparadas para la vida elegante y de posibles, finas y esbeltas, educadas y bien atrapaciadas, me soltaron unos piropos y me sonrieron en uno de esos ejercicios en los que pocos hombres estamos preparados. Yo no. 

Creyeron que iba solo, que debía ser poeta de incierto futuro con mi fular verde sobre una camiseta ceñida negra, y me dijeron desde un velador de cafetería y en francés algo largo que no entendí mientras me sonreían y se sonreían entre ellas. Esto me ha sucedido en Francia. Donde no. País de gente con problemas de vista.

Soy sesentón y aunque para el amor no hay edad, para caer rendido sí. Bueno, ahora caemos rendidos con más facilidad que cuando éramos jóvenes, pero de cansancio, no de búsqueda. Iba con otras personas y con mi santa esposa, pero disgregados y sólo se dio cuenta del ataque una amiga y yo. Las santas francesas, claro, pensaron que era un alma solitaria y posiblemente en pena.

Me sentí mal. A mi edad uno ya no se pone rojo, pues tenemos menos sangre y hemos andado muchas veredas, pero me sentí mal por ese ejercicio de caza y pesca. ¿Era yo ya…, y por primera vez un objeto? Jodo, me dije, ¿estas señoras necesitan ir al oculista? 

Igual no, y en aquel momento estaba yo más atractivo de lo que uno se cree. No le di importancia. Pero a los minutos cambié de concepto. Me subió la autoestima y así estoy, de subida. Y con 60 tacos. Voy a ir siempre por la calle con mi fular verde y mi camiseta ceñida negra enseñando esa mierda brazos que tengo con pelillos canosos. Aunque sea invierno. Aunque ya no sea Francia.

2/9/16

Salchichas mortales, pero lentamente

Comer una salchicha acorta la vida 15 minutos. Lo único seguro en esta vida es que en algún momento se acabará y, aunque no podamos impedirlo, sí podemos al menos intentar retrasar ese momento. Según un estudio publicado en el British Medical Journal algunas rutinas cotidianas podrían ayudar a vivir hasta un año más, como tomar dos o tres tazas de café al día. En cambio, cada salchicha que comemos resta, dice la investigación, 15 minutos de vida. Con estas cuentas si me tomo un café al día puedo tomarme en mi vida 35.000 salchichas para quedar a cero. Bien. Otra tontería más de las matemáticas de la estadística.

Hoy también me han dicho que los teléfonos Samsung Note 7 explotan cuando se reinician ellos solos mientras se están cargando. Que van a dejar de venderlos hasta que resuelvan esto de las explosiones incontroladas, mechacis, ahora que me estaba encaprichando. Es una buena noticia, pues como es cara la tontería de poseer lo que no se necesita, igual me la ahorro. No lo necesitaba para nada, pero son esas cosas que molan. Como tomarse un gin tonic con verduras.Nos acostumbran a gastarnos lo que no debemos, excepto si explotan, que entonces nos piden un poco de tiempo, pues si morimos no seguiremos consumiendo.

Estamos en una sociedad de caprichos, de poco esfuerzo, de hacer poco por lo que dura. No salimos aprendidos cuando nacimos, incluso algunos tuvimos que pasarlas canutas en los años de niños, pero nos lo han montado para que no nos quejemos de nada, aunque no tengamos de lo importante. Hoy he visto una promesa interesante que le hacía una chica joven a una madura entrenadora de los sentimientos en la televisión. Durante 21 días no se iba a quejar de nada. No es fácil y ya lo ha advertido la consejera de edad y sapienza. Pero hay que tomar buena nota de esta apuesta por el futuro limpio en la mente de cada uno. Ojo, que no quejarnos no significa admitir, aceptar. Significa todo lo contrario: luchar por mejorar o mejorarlo. Menos hablar y más actuar.

Los adultos no sabemos tratar a los adolescentes

Diana Quer, el hijo de Ortega Cano, algún familiar mío…, los hijos adolescentes son frágiles, muy capaces de romperse y de tronchar su futuro, de caer en trampas o de ser capaces de decisiones equivocadas que ellos las ven como su única salida. La educación actual nos lleva a la debilidad, y esto no sucede con nadie en concreto sino con todos, pues la sociedad es tan blanda en sus planteamientos que convierte a los adolescentes en más frágiles, con más dudas, con más peligros contra sí mismos.

A la vez que somos blandos en exigir respetos, límites y exigencias, de inculcar la construcción de la propia personalidad, de uno mismo sin tener que depender de los demás, somos durísimos cuando hay conflictos entre adultos pues recurrimos enseguida a abogados durísimos, a consejeros abruptos, en vez de acudir a manos de consejeros humanistas, llamar a la puerta de personas capaces de intentar buscar lo complicado pero lo válido desde la concepción humanista (no hablo de religión).

Los problemas siempre han existido: entre parejas, entre sociedades, entre personas individuales. Pero ahora enseguida acudimos a romper. Creemos que hay que demostrar dureza para que los demás vean firmeza, no somos conscientes de que nuestra mochila a veces, está llena de seres frágiles por edad, y que se suelen perder por los caminos de la vida por no entender casi nada dada su edad tan compleja. No hacemos pedagogía social, emocional, y en cambio terminamos metiendo en el barro a todo el problema completo, y todos los detalles del mismo se ensucian, se pudren.

Es la sociedad la que debe cambiar sus parámetros de valores, y somos los adultos los que debemos escucharnos y vernos desde fuera. E incluso escuchar a los que desde la discrepancia intentan mostrar los grises de cada historia personal. Nada nunca es blanco ni negro, todo tienen muchos matices.