2/9/16

Los adultos no sabemos tratar a los adolescentes

Diana Quer, el hijo de Ortega Cano, algún familiar mío…, los hijos adolescentes son frágiles, muy capaces de romperse y de tronchar su futuro, de caer en trampas o de ser capaces de decisiones equivocadas que ellos las ven como su única salida. La educación actual nos lleva a la debilidad, y esto no sucede con nadie en concreto sino con todos, pues la sociedad es tan blanda en sus planteamientos que convierte a los adolescentes en más frágiles, con más dudas, con más peligros contra sí mismos.

A la vez que somos blandos en exigir respetos, límites y exigencias, de inculcar la construcción de la propia personalidad, de uno mismo sin tener que depender de los demás, somos durísimos cuando hay conflictos entre adultos pues recurrimos enseguida a abogados durísimos, a consejeros abruptos, en vez de acudir a manos de consejeros humanistas, llamar a la puerta de personas capaces de intentar buscar lo complicado pero lo válido desde la concepción humanista (no hablo de religión).

Los problemas siempre han existido: entre parejas, entre sociedades, entre personas individuales. Pero ahora enseguida acudimos a romper. Creemos que hay que demostrar dureza para que los demás vean firmeza, no somos conscientes de que nuestra mochila a veces, está llena de seres frágiles por edad, y que se suelen perder por los caminos de la vida por no entender casi nada dada su edad tan compleja. No hacemos pedagogía social, emocional, y en cambio terminamos metiendo en el barro a todo el problema completo, y todos los detalles del mismo se ensucian, se pudren.

Es la sociedad la que debe cambiar sus parámetros de valores, y somos los adultos los que debemos escucharnos y vernos desde fuera. E incluso escuchar a los que desde la discrepancia intentan mostrar los grises de cada historia personal. Nada nunca es blanco ni negro, todo tienen muchos matices.

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