26/9/16

Qué complicados somos ¿no?

Es sumamente complicado mantener el mismo discurso entre diversos parlamentos, pero es obligado si uno quiere ser el mismo siempre. Muchas veces, la mayoría, no te entienden o unos u otros, por un motivo o por otro, así que, como nos damos cuenta, nos entran ganas de modificar nuestras ideas. ¿Pero hacia dónde, si no encajan por un motivo o por el contrario con las de los interlocutores?

Dudar es de humanos. Incluso creo que desde la duda es desde donde mejor se construyen las ideas. Si las detectamos, claro. Si somos capaces de darnos cuenta de qué parte hay que pulir y qué mantener a costa de todo. Dudar está bien, que nos hagan dudar demasiadas veces, ya no.

Algo que también complica el discurso de la reflexión. Reflexionar está muy bien. Reflexionar en exceso es un error pues al final caes rendido ante las dudas y en la misma reflexión entran las torpezas disfrazadas de miedos y tras ellos los cambios.

Decía alguien que la filosofía no sirve para aclarar o desbrozar caminos, sino para que entren más dudas y nos obligue a repensar, a ponernos en cuestión. ¿También nosotros nos tenemos que poner en cuestión? Joder qué complicados somos, ¿no?

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