17/9/16

Reir. Otoño. Divino. Estoy loco

Hoy no sé de qué escribir, y no porque me falten materias, rollo, sino por estar atacado de las dudas. Escribir para no ser leído es tontería. Es el ego de cada escritor. Nos gustaría coger a los lectores, aprisionarlos contra las letras y esperar a mirarles las caras. Serían todas de asco, claro.

Ayer tuve una reunión interesante sobre lo humano y lo divino, mezclado para buscarle las cosquillas a las ideas. De toda conversación salen ideas interesantes, aunque luego cuesta mucho ponerlas en práctica. Pero siempre queda el poso, la sensación de que si estamos en equipo, somos capaces. Hay que ir hacia lo complicado, para si no somos capaces de alcanzar la meta, al menos habremos avanzado y será interesante el camino. Dos es mucho más que el doble de uno.


Llevamos con la pareja dos semanas que nos reímos más de lo habitual en nosotros. Mucho más diría incluso. No sé si es peligroso tanto lujo, pero sé que esto no puede dudar mucho. Y me podría estar acostumbrando a esta necesidad. ¿Qué hago cuando se nos acaben las ganas de seguir riéndonos? Reir es mucho más que mil pastillas, pero es más complicado de comprar.

En la calle hace frío, ese frío de septiembre que no esperas, que creías olvidado. Ese frío que casi agradeces pero que te pone triste pues se acompaña de unos días más cortos, de más noche y oscuridad. Está cambiado esto y el otoño nos quiere atacar. En verano molaría mucho disponer de mucha noche y menos día. Y en invierno tener más día para alumbrar las nubladas y poca noche para no caer en la tristeza. Pero es lo que tenemos.

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