13/9/16

Y si soy tan tonto que no me doy cuenta de que soy tonto?

Nunca oculto que soy un pequeño político de barrio, un cargo similar al de una ONG pero desde la política. Soy político sin cobrar, pero lo soy y lo digo, ahora que está todo muy malamente para decirlo. Pero cuando vas en grupo, sea de viaje, de grupo de conocidos que no te conocen, siempre hay alguno que se mete con los políticos haciendo la gracia que parece molar mucho. Da igual el tipo de chiste. Cualquier tontada que insulte sirve para eso.

El sábado una chica muy mona dijo que subieramos a un determinado palacio, donde había una cafetería en la terraza, pues abajo estaba un parlamento regional (fuera de España) y así podríamos estar alguna vez encima de los políticos, y no siempre debajo. Estuve a punto de ofrecerme de voluntario, para evitar la subida al ascensor, pero aunque aquella moza estaba como un queso, había en mi grupo personas de peor tamaño y posibilidades. La chica joven de escote agradable hubiera quedado más mona todavía encima de este seguro tonto político. Los dos vestidos, claro. Ya digo que yo soy tonto.

Los políticos, casi todos, somos personas normales. Varados en dique seco y con aspecto un poco ajado como barcas inútiles, es cierto. A veces incluso nos gusta el vino, la cerveza tostada y comer con los dedos. No lo podemos evitar. Y tanto nos insultan por todos los sitios que ya nos reímos, yo al menos, pues esto o te hace gracia o maldita la gracia que te hace. Y yo he optado por reirme. Eso sí, explico siempre que me dejan —que son pocas veces— que no cobro, que todavía no he robado, que no soy tonto y que me gusta. Y esto es lo que menos entienden: “que no aspiro a nada que no sea ayudar y pasármelo bien”.

Hay gente que se hace de un equipo de fútbol. Otros de una ONG. Hay personas que ayudan desde la parroquia. Otros desde los sindicatos. Yo desde un partido político, donde hay trabajo a punta pala, para resolver entuertos de vecinos, personas con dificultades, asfaltos que se rompen, árboles mal podados o avenidas mal planificadas. Entran muchas cosas a veces inentendibles, y cada uno nos especializamos en algo concreto, para dejar de ser aprendices de todo. Y no soy tonto. O al menos no me doy cuenta. ¿Y si soy tan tonto que no me doy cuenta de que soy tonto?

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